viernes, 28 de febrero de 2014

PGR asegura a empresa Oceanografía por supuesto fraude bancario

PGR asegura a empresa Oceanografía por supuesto fraude bancario
Este viernes 28 de febrero fue asegurada la empresa Oceanografía, contratista de Petróleos Mexicanos (Pemex), por un supuesto fraude que investigan conjuntamente la Procuraduría General de la República (PGR) y las secretarías de la Función... http://contralinea.info/archivo-revista/wp-content/uploads/2014/02/caballo-marango.jpg http://bit.ly/1fORxbi http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2014/02/28/pgr-asegura-empresa-oceanografia-por-supuesto-fraude-bancario/

Contralínea 374

Contralínea 374
 
 

 
 
Población callejera, sin posibilidades de reintegración social
23. febrero, 2014 Elva Mendoza @elva_contra     Distrito Federal,     Portada
En el espacio público de la Ciudad de México sobreviven 9 mil... http://contralinea.info/archivo-revista/wp-content/uploads/2014/02/contralinea-374-800-783x1024.jpg http://bit.ly/1pEzvgm http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2014/02/23/contralinea-374/

jueves, 27 de febrero de 2014

La paz mundial, discursos… y realidades

La paz mundial, discursos… y realidades A iniciativa de Jordania, la ONU abre debate sobre la paz mundial
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Palestinos, “moneda de cambio” de EU en Oriente Medio

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El brusco giro de la posición estadunidense en vísperas de la conferencia Ginebra 2 ha causado estupefacción. Washington ya no reclamaba una transición entre guerra y paz, sino entre la Siria de Bashar al-Assad y otra diferente, bajo la dominación de Arabia... http://contralinea.info/archivo-revista/wp-content/uploads/2014/02/01-eu-palestina.jpg http://bit.ly/1mJSoiU http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2014/02/28/palestinos-moneda-de-cambio-de-eu-en-oriente-medio/

Wirikuta exige cancelación de las concesiones mineras

Wirikuta exige cancelación de las concesiones mineras
“Hasta que no estén canceladas todas las concesiones mineras en la región del Wirikuta (en los municipios Catorce, Charcas, Matehuala, Villa de Guadalupe, Villa de La Paz y Villa de Ramos, en San Luis Potosí) no se acabará el riesgo de... http://contralinea.info/archivo-revista/wp-content/uploads/2014/02/wirikuta-600.jpg http://bit.ly/OIcPxX http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2014/02/27/wirikuta-exige-cancelacion-de-las-concesiones-mineras/

martes, 25 de febrero de 2014

La Constitución ya no mantiene el pacto social

Desde su promulgación, más de 570 reformas han trastocado la Constitución mexicana. Dos de sus artículos pilares, el 123 y el 27, se encuentran entre los más modificados en su historia. Además, es la Carta Magna más reformada en América Latina en los últimos 100 años. Para la Constitución, 2013 fue el año más agresivo, señala especialista, pues fue modificada en 21 ocasiones. Esto terminó por transformar radicalmente el pacto social que emanó de la Revolución Mexicana

Durante el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fue reformada en 21 ocasiones. Los cambios a la Carta Magna del país no sólo fueron numerosos sino profundos. A 97 años de su promulgación, suman 573 reformas. El sexenio del panista Felipe Calderón es el que, hasta el momento, ostenta la marca de mayor número de modificaciones: 110.
Los Artículos reformados durante la actual administración –hasta el 27 de diciembre de 2013– son: 3, 6, 7, 24, 25, 26, 27, 28, 37, 73, 78, 94, 105, 116 y 122, señala la Secretaría de Servicios Parlamentarios de la Cámara de Diputados.

De acuerdo con José Enrique González Ruiz, maestro en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en ciencia política por la Universidad Autónoma de Zacatecas, los tres artículos pilares de la Constitución son el 3, el 27 y el 123, los cuales, al haber sido modificados sustancialmente, dejan a la Carta Magna en una situación de atraso comparable con las constituciones del siglo XIX.

En efecto, después del artículo 73 –que ha sufrido 69 modificaciones–, los artículos 123 y 27 han sido los más reformados en la historia: 23 y 19 cambios, respectivamente.

“En el sistema neoliberal se ha perdido el pacto social emanado en 1917. Las fuerzas políticas ya no buscan acuerdos para encontrar caminos que lleven a un beneficio social, ahora impera la ley del más fuerte. Las reformas hechas en el periodo de [Felipe] Calderón fueron regresivas. Peña Nieto va en el mismo camino”, considera González Ruiz.

“No se necesitan más reformas de ese tipo, sino un nuevo pacto; es decir, un nuevo constituyente cuyo objetivo sea trazar un futuro que comprenda e incluya a todos, a diferencia de lo que hoy se hace en el neoliberalismo.”

—¿Cómo puede lograrse ese nuevo constituyente con los mismos legisladores que han aprobado las recientes reformas?

—Tendría que ser mediante un acuerdo social, en el cual se incluya a todos los sectores sin que el papel primordial lo tengan los empresarios, cuyos intereses han dejado como consecuencia una oligarquía insaciable.

—En 2006, en el marco de la Otra Campaña, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional propuso la construcción de una nueva constitución, que surgiría de las demandas de los mexicanos más desfavorecidos. ¿Es viable la propuesta zapatista?

—En este momento la correlación de fuerzas no es favorable para el pueblo de México. Éste ha sufrido grandes derrotas. Sin embargo, la conformación de un nuevo constituyente necesita la reconstitución de la fuerza popular; no es un acto voluntarista, sino generar las condiciones para revertir las modificaciones a las leyes que no son benéficas para la población.

“Se necesita denunciar las acciones regresivas y, a la par, organizar a los sectores populares para que recuperen el protagonismo que tenían hace años”, explica.

A diferencia de México, en Estados Unidos su constitución ha sido modificada 17 veces (sin tomar en cuenta las 10 enmiendas propuestas como un mismo grupo el 25 de septiembre 1789) desde su creación en 1787.

En Latinoamérica, la mexicana es la Constitución más reformada de los últimos 100 años. Así lo afirma el estudio Reformas constitucionales en América Latina en perspectiva comparada: la influencia de factores institucionales, publicado en marzo de 2011 por el Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA, por su sigla en inglés) con sede en Hamburgo.

De acuerdo con el estudio, entre 1900 y 2009, México registró un promedio de 3.6 reformas constitucionales por año; le siguen Brasil, con 3.2, y Chile, con 1.25. Países como Uruguay y Argentina apenas alcanzan 0.15 y 0.05, respectivamente.

“En total, en el periodo de 1990-2009 se han promulgado un promedio de 0.76 reformas constitucionales por año o dos reformas constitucionales cada 3 años. Brasil y México son, de lejos, los países con el más alto número y la más alta frecuencia de reformas constitucionales en América Latina”, explica el GIGA. Cabe señalar que la actual Constitución mexicana fue promulgada en 1917.

El doctor Miguel Covián Andrade, experto en control de la constitucionalidad, advierte que no es conveniente evaluar un texto constitucional por la cantidad de veces que ha sido cambiado, sino por el contenido de las modificaciones.

“En comparación con Estados Unidos, ellos tienen mucho menos cambios porque su Constitución se basa en el sistema consuetudinario: la normas jurídicas, en su totalidad, no están ampliamente escritas. Tenemos enormes diferencias con sistemas de derecho escrito, similares al nuestro, pero son de carácter cuantitativo. No importa el número de cambios en los artículos, sino el carácter de éstos”, explica Covián Andrade.

“La razón por la cual ha habido tantos cambios en nuestra Constitución no es porque queramos tener una diferente, sino porque tenemos una cantidad considerada de normas jurídicas que no deberían de estar ahí debido a que corresponden a leyes secundarias.”

Argumenta que el ejemplo más claro es la materia electoral en el Artículo 40, en el cual se regulan cuestiones que, a su juicio, no deberían aparecer ahí. Interrogantes como ¿cuánto tiempo van a durar las campañas electorales?, ¿cuánto las precampañas?, ¿cuánto tiempo se les destinará en la radio y la televisión? implican una sobrecarga normativa en el texto constitucional. Por ello, cuando se requiere hacer un cambio mínimo, es necesario reformar la Constitución.

En su libro El compromiso democrático del Estado constitucional, Diego Valadés, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, expone que desde sus orígenes y hasta el fin de la Guerra Fría el constitucionalismo siguió una razonable línea evolutiva, pero con la llegada del neoliberalismo, y sus efectos en la vida general del Estado contemporáneo, hubo una fractura en el proceso.

En ese sentido, las funciones que debe desempeñar el constitucionalismo en un sistema democrático son: “legitimar las instituciones, asegurar el control jurídico de los procesos políticos, procurar la estabilidad social, regular las funciones económicas y garantizar la positividad del ordenamiento jurídico”
.

Reformas al Artículo 27

“El sector público tendrá a su cargo, de manera exclusiva, las áreas estratégicas que se señalan en el Artículo 28, párrafo cuarto de la Constitución, manteniendo siempre el gobierno federal la propiedad y el control sobre los organismos y empresas productivas del Estado que en su caso se establezcan. Tratándose de la planeación y el control del sistema eléctrico nacional, y del servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica, así como de la exploración y extracción de petróleo y demás hidrocarburos, la nación llevará a cabo dichas actividades en términos de lo dispuesto por los párrafos sexto y séptimo del Artículo 27 de esta Constitución”, señala el decreto por el cual se modificó la Carta Magna en materia energética el 20 de diciembre de 2013.

También asienta que bajo criterios de equidad social, productividad y sustentabilidad se apoyará e impulsará a las empresas de los sectores sociales y privadas de la economía, sujetándolos a las modalidades que dicte el interés público y al uso, en beneficio general, de los recursos productivos, cuidando su conservación y el medio ambiente.

Asimismo, “la ley alentará y protegerá la actividad económica que realicen los particulares y proveerá las condiciones para que el desenvolvimiento del sector privado contribuya al desarrollo económico nacional, promoviendo la competitividad e implementando [sic] una política nacional para el desarrollo industrial sustentable que incluya vertientes sectoriales y regionales, en los términos que establece esta Constitución”.
Para José Enrique González Ruiz, la aprobación de dicha reforma significa un momento de auge de las fuerzas conservadoras del país que pretenden adueñarse de la riqueza nacional.

“Sin embargo, eso no es eterno: la realidad es dialéctica, y se deben construir los mecanismos para balancear la correlación de fuerzas entre el pueblo y el Estado, e imponer modificaciones constitucionales acorde a los intereses de la mayoría.”

—¿Se ha perdido el carácter revolucionario del cual emana la Constitución con la modificación del Artículo 27?

—Claro. Con la Expropiación Petrolera, la población entró en un proceso de crecimiento. La privatización petrolera, consumada con las recientes modificaciones, pone en alerta a los sectores populares y las movilizaciones son la consecuencia de la misma.

“Nuestra tarea es educar y concientizar para hacer frente a estos nuevos retos. Debemos reconstruir el tejido social tan trastocado, cuya expresión se manifiesta en sucesos como el levantamiento de las autodefensas en Michoacán.”

Por el contrario, Miguel Covián explica que la reforma energética regresa a los aspectos jurídicos esenciales que se tenían en la época del entonces presidente Lázaro Cárdenas.

“Regresamos a la década de 1940 con las primeras reformas producto de la Expropiación Petrolera, en las cuales se prohíben las concesiones a particulares, pero se admiten los contratos”, dice.

Menciona que desde la década de 1970 hasta la fecha sí hay contratos en Petróleos Mexicanos (Pemex), lo cual no viola la Constitución. “Ninguna empresa es capaz de hacer todo lo que necesita para llevar a cabo sus fines sin la necesidad de otra”.

Covián Andrade explica que en la reforma se trata de que el Estado mexicano, a través de Pemex, pueda tener contratos que, obviamente, deberán hacerse conforme a las normas constitucionales para que particulares puedan realizar las tareas que la paraestatal, por cuestiones económicas, no puede realizar.

“Con los contratos, los particulares pueden extraer petróleo, pero con la supervisión legal, económica, política, financiera y administrativa del Estado. No significa una privatización”, argumenta el académico.

La reforma educativa


Otro de los Artículos pilares de la Carta Magna que fue reformado el año pasado fue el tercero.

“[…] El ingreso al servicio docente y la promoción a cargos con funciones de dirección o de supervisión en la educación básica y media superior que imparta el Estado, se llevará a cabo mediante concursos de oposición que garanticen la idoneidad de los conocimientos y capacidades que correspondan”, señala la modificación a la fracción III de dicho Artículo, del 26 de febrero de 2013.

Explica que la ley reglamentaria fijará los criterios, los términos y condiciones de la evaluación obligatoria para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio profesional con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación.

No obstante, sentencia: “Serán nulos todos los ingresos y promociones que no sean otorgados conforme a la ley”. Además, anuncia la creación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa, el cual será coordinado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.
Las reformas al Artículo 3, así como al 27, provocaron casi a diario movilizaciones en el Distrito Federal, sin que los opositores hayan conseguido echarlas abajo.

Y es que esas dos modificaciones a Artículos clave para México no se habían conseguido en décadas.

“Ambas reformas son similares. En el proceso educativo pueden intervenir los particulares para que se cubra la demanda educativa que existe en el país, conforme a la supervisión, rectoría y aval del Estado, ahora por medio del Instituto para la Evaluación de la Educación”, menciona Covián Andrade.

—¿Cómo podrían volver a discutirse dichas reformas y, si amplios sectores lo buscan, no permitir que se apliquen?
—De acuerdo con el Artículo 35, fracción VIII, se puede hacer una consulta popular, lo que en otros países se llama referéndum. El primer requisito para llevarla a cabo es contar con el 2 por ciento del total de electores avalados por las autoridades electorales.

“Posteriormente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación debe revisar si la materia de la consulta es permitida por la Constitución. Después, el Congreso puede hacer la convocatoria para que la consulta la realicen las instituciones electorales. Finalmente, para que el resultado sea válido, debe participar el 40 por ciento de los electores.”

El constitucionalista señala que se deben cambiar buena parte de las estructuras de gobierno para alcanzar los objetivos de la democracia social. “Tenemos que trabajar en la parte estructural: cómo ejercer el poder, cómo se toman las decisiones de gobierno, y mantener la parte ideológica de nuestra Constitución, que es donde se asienta nuestro modelo de Estado: un Estado social de derecho”.

Finalmente, González Ruiz expone que la Constitución es el marco jurídico que recoge el acuerdo social; si no lo hace, no es un texto adecuado. “La Constitución funciona cuando vela por los intereses de todos los sectores, no de una oligarquía agrupada en el llamado Pacto por México, que en realidad es un pacto contra México”.

TEXTOS RELACIONADOS:



  
 Fuente: Contralínea 374 / 24 febrero al 1 de marzo de 2014

lunes, 24 de febrero de 2014

“Actualizar” el TLC: renovar el quebranto de México

25. febrero, 2014     Capitales

La propaganda a favor del Tratado de Libre Comercio no sólo es cínica sino ridícula. Los beneficios que se prometieron nunca llegaron. Aquello de más y mejores empleos, de que las pequeñas, medianas y grandes empresas mexicanas podrían acceder a los mercados de Estados Unidos y Canadá, y de que se incrementarían los niveles de vida de toda la población resultaron todo lo contrario. Pero ya se habla de “profundizar” o “actualizar” el Tratado, como si México fuera el principal interesado en una “asociación” que sólo ha servido para saquearlo. El acuerdo únicamente sirvió para hacer irreversible la implantación del neoliberalismo y poner a disposición de los capitales estadunidenses los recursos del país. Lo que sigue será la completa puertorriquización de México

Primera parte
¿Se asociaría usted con alguien 250 veces más rico? De hacerlo, ¿sería usted realmente su socio o su empleado?
John Saxe-Fernández, México-Estados Unidos. La sardina protege al tiburón, La Jornada
Para que nada nos separe, que no nos una nada
Pablo Neruda
La historia, decía Carlos Marx, se repite primero como tragedia y después como comedia. Pero a fuerza de repetirse insistentemente, podría agregarse, ésta se vuelve procaz, monótona, chocante. Vulgar hasta la náusea como ocurre en el caso de la historia de los gobiernos mexicanos, que para justificar sus decisiones remedan hasta la zafiedad los mismos desgastados argumentos insostenibles de sus predecesores, los mismos gestos histriónicos, las mismas campañas mediáticas, las mismas mentiras.

La falta de creatividad es palmaria en las razones esgrimidas para justificar un segundo ciclo del mito del Tratado de Libre Comercio (TLC), el cual preparan Enrique Peña Nieto, Barack Obama y el primer ministro de Canadá, Stephen Harper. Según Ildefonso Guajardo, titular de la Secretaría de Economía, “el TLC ha tenido un gran éxito”. Pero, agregó Guajardo, “20 años después de que entró en vigor, necesita ser actualizado. Hablamos de una profundización del TLC”.

¿Cuál ha sido la “historia de éxito” de la que hablan Guajardo y los publicistas del acuerdo?

El secretario recurrió a uno de los más sobados lugares comunes: “el TLC ha tenido un gran éxito en materia exportadora, pues las exportaciones mexicanas septuplicaron durante los últimos 20 años y México se convirtió en una plataforma manufacturera”. Pero inmediatamente se lamentó: por desgracia “las grandes empresas fueron las que se beneficiaron más del acuerdo comercial norteamericano. De las exportaciones mexicanas, 33 a 35 por ciento son de valor nacional, y eso ya da pauta a una integración de valor. Otro “problema [es que] las pequeñas y medianas enfrentaban condiciones desiguales a sus empresas comparables en otros países o en Estados Unidos o Canadá”.

Luego Guajardo hizo cuentas alegres con simples especulaciones de dudoso fundamento como en su momento hicieron los salinistas. Aventuró que “las reformas estructurales recientemente aprobadas, entre ellas, la financiera, la energética y la de telecomunicaciones, permitirán una mayor participación de las pequeñas y medianas empresas a nivel internacional y a mejorar su competitividad”, pues actualmente “pagan energía muy cara y tienen un muy mal acceso al financiamiento”. Como lo anterior no será suficiente, Guajardo añadió la necesidad de reciclar el TLC. ¿Con qué objeto? Para ser más competitivos, “necesitamos homologar normas y estándares para los sectores productivos, facilitar el tránsito entre las fronteras, eficientar [sic] la administración de las aduanas e impulsar la integración de las cadenas productivas”.

Guajardo reconoció al sesgo algunos efectos indeseables, los cuales, empero, a su juicio, no empañan el lustroso “éxito” del TLC ni, por añadidura, los ajustes estructurales del pasado ni, por tanto, el modelo económico. Está convencido, junto con Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray y demás peñistas, que con una nueva terapia de reformas en la misma perspectiva de las precedentes, o con una simple corrección de éstas, se alcanzarán las metas que nunca se cumplieron en 30 años. Es la misma historia escuchada hasta el cansancio por las mayorías desde 1983.

Al cabo, “todo tratado comercial es perfectible”, dijo el expresidente Carlos Salinas de Gortari, 20 años después.

Si no se condensan las promesas, siempre queda el infalible recurso mandarlas hacia la inalcanzable posteridad, más allá de la frontera de la responsabilidad sexenal; hacia el protector terreno neutral, en donde los artífices no pueden ser tocados jurídica y políticamente por el incumplimiento de los compromisos, pues no existen los mecanismos legales ni instituciones que les obliguen a rendir cuentas. Sólo queda la terapéutica sanción moral de la población, cosa intrascendente para los apestados sociales como Salinas y su familia.

Al defender el TLC, Carlos Salinas se cura en salud. El 17 de noviembre de 1993, cuando la Cámara de Representantes estadunidense aprobó el TLC, dijo: “los principales efectos del Tratado irán reflejándose en el mediano plazo”. El 23 de ese mes, una vez que los priístas y los panistas del Senado hicieron lo mismo con el acuerdo negociado al margen de la población –los foros de discusión donde participó la oposición fueron un montaje escenográfico para barnizarlo de legitimidad–, Salinas reiteró: “para que haya libre comercio pleno, el Tratado contempla un periodo [de transición] de 15 años. El Tratado no debe dar lugar para expectativas excesivas”.
Transcurrieron los 15 años de gracia concedidos al TLC y al “comercio pleno”, y otros 5 adicionales, y las promesas y las expectativas continúan agazapadas en algún lugar del firmamento.

Alguna vez el eufórico José Ángel Gurría señaló que la maduración del modelo neoliberal salinista, que incluye al TLC, requeriría de al menos 18 años para ofrecer el maná comprometido. Pasaron 30 años, entre catástrofes socioeconómicas y políticas, y lo que parecía sólido para los forjadores del nuevo proyecto de nación se desvaneció.

Guajardo también se adelantó a curar en salud al peñismo. Afirmó que “los beneficios del TLC, firmado hace 2 décadas, se verán reflejados a todo el país y a todas las empresas en los próximos 20 años”. En ese nuevo lapso de gracia “la historia de éxito tiene que bajar a todas las regiones de México y a todos los tamaños de empresa. Ésa es una tarea fundamental que a partir de las reformas se tiene que transformar”.

Al respecto, el diputado Manlio Fabio Beltrones acotó: “las reformas traerán más inversiones que generarán crecimiento, y el crecimiento deberá traer empleo. Pero no traen automáticamente todo ello”. José Ángel Gurría, ahora secretario de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con aguda elocuencia consultó las calendas y dijo que la expansión vendrá cuando tenga que llegar: “el crecimiento nos llegará en 24, en 36, en 48 o en 60 meses. Las inversiones irán llegando poco a poco”.
¿Qué pasará si la “historia de éxito” no baja a donde se presume tiene que descender?

Eso ya no fue asunto de los salinistas ni lo será de los peñistas.

Después de ellos, el diluvio.

En todo caso, la población se quedará como Vladimir y Estragon: esperando a Godot, con quien quizá tienen alguna cita, algún asunto a tratar, mientras alguien le dice: “aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde”. “¡Nada ocurre, nadie viene, nadie va!”.

TLC: mitos y hechos

¿Qué esperaba Carlos Salinas cuando firmó el TLC con George W Bush y el primer ministro canadiense Brian Mulroney? Los mismos objetivos que espera alcanzar Peña Nieto con la reapertura de las negociaciones, pese a que Carlos Salinas ya advirtió: “no se reabre el TLC, se abre una Caja de Pandora” (Rogelio Cárdenas, El Universal, 11 de febrero de 2014).

En su alocución citada, y en las del 12 y 13 de agosto de 1993 –relativas a la culminación de las negociaciones y la firma de los acuerdos paralelos, el ambiental y el laboral– Carlos Salinas enumeró las “ventajas [que] nos traerá el Tratado”: 1) más inversión extranjera y exportaciones que contribuirán al crecimiento económico y la “modernización económica”; 2) mejores salarios, más empleos y más bienestar de la población; 3) el respeto la soberanía nacional.

¿Cuál es balance del TLC que Peña Nieto pretende revitalizar, esa pieza clave de la “modernización con justicia social”, como calificara el rumboso Jaime Serra al proyecto neoliberal de nación del salinismo; del “liberalismo social” como líricamente denominara el zalamero Jorge Carpizo –convertido en Apóstol de la democracia– al populismo asistencialista de la derecha, fingido heredero de los liberales decimonónicos que política e ideológicamente combaten los neoporfiristas, y que delirantemente supone que se fundamenta en la libertad, la democracia y la justicia social?

Más allá de los dos efectos escenográficos engañabobos, de la nación exportadora y privilegiada por la inversión extranjera, queda la cruel estela del estancamiento económico de larga duración; las crisis recurrentes; la ausencia del empleo formal, el deterioro de los salarios reales, la pobreza y la miseria rampantes; la pérdida de la soberanía nacional y el ominoso sometimiento a los intereses geopolíticos y de seguridad nacional estadunidense.

El objetivo central del TLC, sin embargo, se ha cumplido honorablemente: el asegurar la casi irreversibilidad política del Tratado y el neoliberalismo mexicano –ello dependerá de la sociedad– al integrarlo a las esferas de la seguridad nacional y geopolítica estadunidenses; el apoyo de la Casa Blanca a los gobiernos de ese pelaje, sea priísta o panista, al cabo profesan los mismos intereses; la creación de un espacio económico para las necesidades de la acumulación de los grupos oligárquicos trinacionales y las empresas trasnacionales; la existencia de un peón fiel, los gobiernos mexicanos, que respaldará la política regional o global estadunidense en contra de quienes aspiren a cuestionar y fracturar su hegemonía.

Sobre el tema, el especialista John Saxe-Fernández anotó: “alejándose del ‘globalismo pop”, varios estudiosos se preguntaban: ¿después de todo, qué es lo que distingue a un imperio de una alianza o un tratado de libre comercio? Un imperio es el principal actor en el sistema internacional y su poder está basado en la subordinación de diversas elites nacionales que, ya sea bajo compulsión o por convicciones compartidas, aceptan los valores de aquellos que gobiernan al centro dominante o metrópolis. La inequidad de poder, recursos e influencia es lo que distingue a un imperio de una alianza (aunque los tratados de alianza a menudo formalizan o sirven de disfraz para una estructura imperial)” (“México-Estados Unidos: la sardina protege al tiburón”, La Jornada, 18 de marzo de 2008).

TLC, salvavidas del neoliberalismo mexicano

Ahora Salinas pretende dar una lección de mesura y raciocinio a los peñistas cuando él fue quien abrió la Caja de Pandora, liberó los males que aquejan actualmente al país y –a diferencia de la mitología griega– hasta dejó escapar a Elpis, el espíritu de la esperanza.

En los discursos citados, se jactó del supuesto cuidado que tuvo su gobierno para negociar el TLC. Sin embargo, en enero pasado, Jaime Serra declaró que el acuerdo tomó cuerpo entre los salinistas después del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza (febrero de 1992), cuando tuvieron que aceptar que México –es decir sus gobernantes, agrego por mi parte– estaba en calidad de apestado internacional. Hasta ese momento sólo se discutía un convenio limitado en comercio e inversión, iniciado en octubre de 1989. Después de Davos empezaron las negociaciones del TLC y en diciembre se firmó. La aprobación en el Senado, 11 meses después, sólo fue una simulación (Concepción Peralta, “Jaime Serra Puche presume logros del TLC”, http://noticieros.televisa.com/mexico/1401/jaime-serra-puche-presume-logros-tlc/).
¿Qué seriedad puede existir en una “negociación” de esa trascendencia que se llevó a cabo en un lapso tan breve?

El economista Alejandro Nadal señaló que “el TLC fue concebido con el propósito de hacer irreversible la imposición del neoliberalismo en México. Las relaciones económicas con Estados Unidos crearon un marco jurídico de subordinación que efectivamente parece hacer inalterable las instituciones del neoliberalismo” (La Jornada, 8 de enero de 2014).

La cuestión, sin embargo, es más grave. Los “prudentes” salinistas aceptan un acuerdo que involucra aspectos que trascienden del ámbito económico (productivo, comercial, de inversión, financiero) y de las políticas públicas y alcanzan al jurídico, constitucional, político, geopolítico, militar y la seguridad nacional, cambios que definen el destino de México y la renovación de su condición neocolonial ante Estados Unidos. Lo convierten en el nuevo Puerto Rico, de “socio asociado en sociedad”, como diría el poeta cubano Nicolás Guillén.

El TLC es la salida de Carlos Salinas y la oligarquía económica emergente que busca asegurar la legitimidad de su gobierno y la consolidación de su modelo económico –políticas de estabilización y reformas estructurales– y su proyecto neoliberal de nación, el cual no es más que la originalidad de la copia del modelo pinochetista y de las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Consenso de Washington, arrojándose de esa manera a los brazos de los estadunidenses, de George Bush padre, de Bush hijo y de las empresas trasnacionales.

La sardina mexicana se arrojó voluntariamente a las fauces del tiburón que se la tragó con su proyecto de redespliegue hegemónico regional y global.

Carlos Salinas presenta al TLC como un nuevo ejemplo de las relaciones económicas internacionales. Pero no dice que:

1) Corresponde a las nuevas formas mundiales de acumulación de capital promovidas por los organismos internacionales citados, además de la Organización Mundial de Comercio –OMC, Ronda Uruguay (1986), Marrakech (1993) y Doha (2001)–, con el objeto de eliminar las barreras nacionales a los flujos de mercancías, servicios y capitales y acelerar la integración capitalista mundial, bajo la hegemonía de las potencias industriales y, en especial, de Estados Unidos. Asimismo, atañe al nuevo orden mundial unipolar, liderado por el imperialismo capitalista de este último país, luego de la desaparición del bloque del Este y el reparto de sus pedazos.

2) El ejemplo sólo fue visto con interés y seguido por gobiernos que profesan el mismo credo neoliberal y que en la década de 1990 coparon a América Latina (Carlos Menem y Alberto Fujimori, por ejemplo), salvo Cuba, y la mayor parte del mundo, con resultados mediocremente similares. Alguna vez Guido Di Tella, ministro de Relaciones Exteriores del entonces gobierno argentino de Menem, definió el entendimiento Argentina-Estados Unidos como “relaciones carnales”. También dijo que “Argentina se ha vuelto hoy un país claramente confiable en el mundo, bajo estándares de confiabilidad que existen en el mundo, es decir, no inventamos un estándar de confiabilidad especial para nosotros”. Ésa fue la relación y la confiabilidad lograda de Salinas a Enrique Peña con la nación imperialista.

Países como China o India, que se apartaron de la internacional neoliberal, han mostrado balances cualitativamente superiores en su mezcla de estatismo-proteccionismo-neoliberalismo. En el mundo no existe un caso de éxito de una experiencia neoliberal nacional. No lo habrá porque su funcionamiento lo aborta. El objeto no es que países atrasados como México superen su condición subdesarrollada, periférica del sistema-mundo capitalista, sino que lo perpetúen y lo profundicen, en beneficio de las potencias llamadas a sí mismas como desarrolladas, “civilizadas”.

3) El TLC sólo es una pieza de un proyecto más ambicioso: el redespliegue hegemónico estadunidense en el Continente Americano. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) lo ubica como parte de la “Iniciativa para las Américas” (Enterprise for the America’s initiative), anunciada por George Bush el 27 de junio de 1990 y considerada como el primer planteamiento integral sobre las relaciones hemisféricas que Estados Unidos realiza desde la Alianza para el Progreso (Alpro, 1961), de John F Kennedy, en el contexto de la Guerra Fría, para contener la influencia de la revolución cubana y el virus comunista (Cepal, La iniciativa para las Américas: un examen inicial, 1991).

Originalmente, añade la Cepal, el propósito de largo plazo de Bush era crear una zona de libre comercio “desde el Puerto de Anchorage hasta la Tierra de Fuego”. La propuesta de mayor alcance se refiere a la eliminación de los aranceles al comercio de mercancías y servicios, de los obstáculos a la inversión extranjera y la protección jurídica a la propiedad intelectual. Esas medidas la diferencian de la Alpro, que privilegiaba el apoyo financiero estadunidense, público y privado, las medidas reformistas (reforma agraria, modernización de la infraestructura de comunicaciones, reforma de los sistemas de impuestos, acceso a la vivienda, entre otras), junto a la asistencia e intervención político-militar, pactada o soterrada. El último punto siempre se ha mantenido, sólo cambia de forma.

Los países candidatos a las nuevas “relaciones carnales” serían los que hicieran actos de fe, con sus respectivas pruebas empíricas en ristre, en las “señales del mercado libre” y la apertura económica. “Con el fin de avanzar hacia esta meta, se anunció que Estados Unidos está dispuesto a establecer acuerdos de libre comercio con América Latina y el Caribe, particularmente con grupos de países que se han asociado para lograr la liberación comercial. El primer paso en este proceso fue la negociación de un acuerdo con México. Con los países que aún no estén listos para acuerdos integrales de libre comercio, Estados Unidos estaría dispuesto a negociar acuerdos ‘marco’ bilaterales para reducir en forma paulatina barreras específicas al comercio o resolver problemas surgidos en el intercambio bilateral. Ya se negociaron acuerdos semejantes con México en 1987 y con Bolivia, Colombia y Ecuador en 1990” (Cepal).

La Cepal advertía que la Iniciativa incluía “el movimiento del factor capital” pero no al “factor trabajo”, eufemismo que degrada y cosifica a los trabajadores migratorios, lo que “implica un sesgo importante en contra de los intereses de los países latinoamericanos”. Para cubrir las formas, Carlos Salinas aceptó que se agregara un injerto, un “acuerdo paralelo” que vale tanto como el papel donde está impreso el texto.

Con el tiempo se afina y se desdobla el proyecto hegemónico estadunidense. La estrategia para subordinar a América Latina, excepto a Cuba, se desplegó con la Cumbre de las Américas (Miami, Estados Unidos, diciembre de 1994), la cual involucró la eliminación de las restricciones al comercio de mercancías y servicios y a la inversión, las compras gubernamentales, la protección a la propiedad intelectual, el sector agrícola, los subsidios y el dumping (precios predatorios), entre otros temas.

Las discusiones debieron concluir en 2005, en la reunión de Mar del Plata, Argentina. Pero allí sucedió algo “histórico”, dijo Néstor Kirchner, que obligó a Bush hijo a agregar: “Estoy un poco sorprendido. Acá pasó algo que no tenía previsto” (Fernando Cibeira, Página12, Buenos Aires, 6 de noviembre de 2005).

4) Un final con el corazón partido (Cibeira dixit). En 2005 algo había cambiado. Los TLC y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) dejaron de ser el ejemplo de referencia como había dicho Carlos Salinas. El Continente y la internacional neoliberal se partió en dos y dobló a duelo las campanas por el ALCA. De un lado el emperador y sus cipayos de Panamá, México y Colombia, entre otros, que aceptaron el neocoloniaje irrestricto. Del otro lado, Hugo Chávez, promotor de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), y los miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur), encabezados por Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, que exigían un nuevo trato, alejado del estigma del “patio trasero, mientras exploran nuevos senderos regionales de desarrollo más autónomos”.

El TLC y el ALCA respondieron a los obstáculos que enfrentó Estados Unidos en la Organización Mundial de Comercio y que frustraron los intentos por imponer sus intereses. En una perspectiva histórica, constituyeron la fase avanzada de la Doctrina Monroe (1823) y su Corolario Roosevelt (1904), que fundamentan el imperialismo y el colonialismo de ese país, y el retoño temprano de su panamericanismo (que pretende erigirse como heredero de la unión hispanoamericana promovida por Simón Bolívar en 1826), la fallida Primera Conferencia Panamericana (1889-1890), que quiso liberalizar el comercio americano para ampliar sus exportaciones. En la conferencia el representante argentino Roque Sáenz, dijo: “tratar de asegurar el comercio libre entre mercados carentes de intercambio sería un lujo utópico y un ejemplo de esterilidad”.

A raíz de dicha conferencia, José Martí escribió “que tendría que declararse por segunda vez la independencia de la América Latina, esta vez para salvarla de Estados Unidos” (http://tiempo.infonews.com/2012/ 04/14/editorial-73098-eterno-problema-para-ee-uu-en-
las-cumbres-americanas.php). Eso es lo que aspiran los miembros de la Alba, inspirado en legítimo panamericanismo del sueño bolivariano.

Es obvio que ese sueño no es compartido por las elites mexicanas.

5) El síndrome del cipayo. Por el contrario, el TLC ha implicado el vergonzoso sometimiento a los intereses estadunidenses, desde el salinismo, que trasciende al terreno económico. En este ámbito ceden rápidamente los espacios ganados para la fase transitiva del TLC, así como los reservados: adelantan la apertura agropecuaria (en granos básicos como el maíz); entregan las plazas financiera, energética y de las telecomunicaciones.

Vicente Fox y Felipe Calderón se suman a la tropa que defiende los intereses de Estados Unidos en su agresión militar en Afganistán, Irak, Oriente Medio, Asia Central o el Norte de África. Como viejos anticomunistas convierten en enemigos a los enemigos de su protector del Norte: Cuba, Venezuela, Bolivia. Sabotean los esfuerzos de integración suramericana. Propician y cierran los ojos ante la intervención política, militar, de los organismos de seguridad y la embajada estadunidenses en México, bajo la coartada de la “guerra contra el narcotráfico”.

Enrique Peña y sus colaboradores balbucean y dan saltos de carnero ante los documentos secretos filtrados por Edward Snowden, y publicados por el semanario alemán Der Spiegel, donde se denuncia el espionaje realizado por Agencia de Seguridad Nacional estadunidense en contra del gobierno de Calderón (a los correos electrónicos) y del propio Peña, cuando era candidato.

No se sienten incómodos de formar parte de la seguridad nacional y los intereses geopolíticos estadunidenses.

En su testimonio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, en 1995, Alan Greenspan calificó a la crisis mexicana como “el primer caso relevante, que las equivocaciones significativas en la política macroeconómica también repercuten en el mundo, a una velocidad prodigiosa”. No obstante, su país se vio obligado a rescatarlo porque “México era percibido como el modelo de transición económica y política de un sistema rígido dirigido por el Estado hacia una estructura de libre mercado”. Si no hubiera funcionado el rescate, [las] reformas económicas [hubieran sido] amenazadas por presiones para reimponer controles en muchas áreas de su economía y para restablecer la interferencia gubernamental en el cada vez más vibrante sector privado en México. Una reversión de las reformas y una difusión de las dificultades financieras a otros mercados emergentes podrían detener o revertir la tendencia global hacia las reformas orientadas al mercado y la democratización. Esto sería un retroceso trágico no sólo para estos países sino para Estados Unidos, y también para el resto del mundo”.
Ésa es la lógica que priva en la relación de patio trasero de México con Estados Unidos.

6) El síndrome de cipayo reciclado. La renegociación del TLC que busca Peña Nieto no es más que la reedición de esa relación bastarda inaugurada por Carlos Salinas de Gortari. Éste dio los pasos unilaterales –desgravación arancelaria, apertura financiera, etcétera– para ganarse el amor de Bush y los dueños del capital global, aunque quedó desarmado para negociar, si es que era posible hacerlo con un príncipe planetario que impone las reglas a su modo.

Peña Nieto emula a su maestro: entrega al sector energético a los estadunidenses a cambio de nada, antes de iniciar las “negociaciones”. Un regalo adelantado. Un gesto de buena vecindad, desde luego, no solicitado. También se suma al acuerdo de la Alianza del Pacífico, junto a los otros peones del imperio (Chile, Colombia y Perú), que aspira a sabotear los vientos frescos del Sur de América. Otro guiño. Pero pretende mostrarse maquiavélico con la aparente renovación de las relaciones con Cuba. Cosa de risa.
Los resultados ya pueden saberse. En la siguiente entrega se verán los mitos comerciales y financieros del Tratado de Libre Comercio con América del Norte.
*Economista


 Fuente: Contralínea 374 / 24 febrero al 1 de marzo de 2014

El perfil criminológico de El Chapo

 

·        El perfil criminológico de El Chapo

·        Fox y Calderón protegieron al capo

·        Intocable industria del narcotráfico

 
Para el gobierno federal es inmejorable el momento de la detención de uno de los líderes más importantes del narcotráfico en México y en el mundo, Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo. Mediáticamente fue el mismo presidente Enrique Peña Nieto quien confirmó su captura a través de twitter.
 
“El medio es el mensaje”, decía Marshall Mcluhan, y es precisamente en twitter en donde las críticas al sistema han sido constantes y duras desde que Peña asumió el poder, quizás porque aún es el medio de comunicación más libre en donde la sociedad puede manifestarse sin ataduras. Así que el anuncio de la aprehensión del líder del cártel de Sinaloa lleva en sí mismo un mensaje presidencial para los usuarios de esa red social, congraciarse con ese grupo twittero que no cree en nadie ni en nada, que exige justicia y cero impunidad, que lo mismo pide encarcelar a los corruptos que libertad para indígenas presos injustamente, o mejoras en los servicios de salud, educación, vivienda. Es a ellos a quienes se dirigió Peña Nieto, como una petición de tregua para su gobierno.
 
Fue la Secretaría de Marina, en coordinación con las agencias policiales y de inteligencia de Estados Unidos, la encargada del operativo que llevó a la captura del delincuente más buscado en México y en Estados Unidos, al menos desde hace un año que hubo cambio de poderes, pues es claro que los dos presidentes mexicanos anteriores le dieron protección a Guzmán Loera. Primero Vicente Fox lo dejó escapar del penal de seguridad más fuerte que hay en el país, después Felipe Calderón y su superpolicía Genaro García Luna le dieron impunidad y protección a cambio de beneficios económicos.
 
Sin embargo mediáticamente sería más relevante para Peña llevar a juicio a Fox y Calderón por liberar y proteger a ese narcotraficante que en los dos últimos sexenios vivió su máximo expansión territorial y económica. Pero de eso ni hablar, porque en México hay una tradición que se ha convertido en ley: no tocar a exmandatarios sin importar los delitos que hayan cometido, así se trate de genocidio, miseria extrema, enriquecimiento ilícito, abuso de poder y hasta traición a la patria.
 
Pero de vuelta a la captura de Guzmán Loera, lo cual justifica a la revista Time con su portada dedicada a Peña Nieto y la cabeza “Salvando a México”, es claro que habrá un nuevo reacomodo en las estructuras del crimen organizado, lo cual no significa que éste desaparecerá y mucho menos que la industria que genera miles de millones de dólares vaya a entrar en crisis.
 
Por ello hay que insistir en que mientras las autoridades mexicanas, entiéndase Procuraduría General de la República, Secretaría de Hacienda, Unidad de Inteligencia Financiera, Procuraduría Fiscal y Centro de Investigación y Seguridad Nacional, sigan sin combatir el lavado de dinero producto del tráfico de drogas y otros delitos, esta onerosa industria del crimen organizado seguirá boyante y en expansión.
 
Por ningún motivo el asesinato o captura de los integrantes de las mafias de las drogas, así sea El Chapo o cualquiera de los otros líderes, detendrá o disminuirá el poder de esos grupos delincuenciales, pues en cuanto alguno de sus líderes es eliminado, de inmediato surgen los sustitutos. Así que prácticamente no hay nada que festejar mientras políticos corruptos, policías sobornables y empresarios lavadores de dinero sigan en las calles, pues son éstos quienes permiten y promueven, y en ocasiones hasta dirigen, a las bandas del crimen organizado.
 

El poderío del crimen organizado

 
Las mafias de la droga han dado muchas muestras de su poderío y mediante la violencia ha incrementado su confrontación contra el Estado mexicano. En muchos estados del país siguen los asesinatos, secuestros y extorsiones, mientras que los cárteles se presentan como benefactores de la población, incluidos los cuerpos policiales, la iglesia, las autoridades municipales y gubernamentales, los partidos políticos y los empresarios.
 
Este problema de la violencia incrementado en los gobiernos de Fox y Calderón, llevó al primero de estos expresidentes a declarar que lo enfrentaría con toda la fuerza del Estado y al segundo a decir que se trataba de una “guerra” con las fuerzas federales. Pero más allá de los desatinos constantes de ambos exmandatarios panistas, lo único que se revela fue su incapacidad para gobernar, su complicidad con esas mafias y la impunidad en la que ahora viven.
 
El país entonces sigue atrapado en una espiral que durante la última década no encuentra el camino y que ahora se traduce en agudos problemas sociales que dificultan todos los días la vida a su población.
 
Los líderes del crimen organizado en México ahora son el peligroso narcotraficante que en estos días poco se menciona Vicente Carrillo Fuentes, quien comanda otro grupo posesionado en Ciudad Juárez, Chihuahua, y que también lucha por apoderarse de la zona de Tamaulipas. Uno más, calificado como el “padrino” de la droga, es Juan José Esparragoza Moreno, alias “El Azul”, a quien extrañamente nadie busca y tal vez sea porque en los tiempos en que Fox gobernaba Guanajuato, ese jefe de capos vivía tranquilamente, sin ser molestado, en esa entidad gobernada por el PAN. Seguramente quien sustituirá a Guzmán Loera es Ismael Zambada García, alias El Mayo, otro de los líderes legendarios del Cártel de Sinaloa.
 

El perfil psicológico de El Chapo

Antes de sufrir aquel accidente que lo llevó a perder la vida cuando viajaba en el avión que cayó por el rumbo de Las Lomas en el Distrito Federal, en donde también falleció Juan Camilo Muriño, el amigo personal de Felipe Calderón, el entonces subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, principal responsable del combate contra la delincuencia organizada en el sexenio pasado, se refirió a El Chapo Guzmán como un hombre muy inteligente y de extraordinaria capacidad de reacción, lo que le había permitido convertirse en un “héroe” en las comunidades en donde opera y era protegido por el apoyo económico que da a la población.
 
Esa declaración le valió al jefe policiaco fuertes críticas de la prensa, pero lo que sí es cierto, según el perfil criminológico de Guzmán Loera, elaborado por expertos psicólogos en criminología, es que este pequeño hombre de 1.55 metros de estatura acumula un gran odio contra la sociedad, es vengativo, calculador, inteligente y, ojo, cuando él y su familia son agredidos utiliza todos los medios a su alcance para vengarse en el momento más oportuno, es decir su reacción es calculada para hacer el mayor daño posible.
 
Pero pasemos al expediente que Vasconcelos le entregó a este reportero y que define con claridad la personalidad y el pensamiento del criminal más buscado en estos momentos en el país: tiene 47 años, nació en Culiacán, estudió hasta el 6º grado de primaria, es casado y está acusado de ser autor intelectual y material de los delitos de homicidio, cohecho, asociación delictuosa, evasión de preso y delitos contra la salud como posesión de cocaína y de psicotrópicos (Diazepan).
 
Por ser el narcotraficante de moda, vale la pena dar a conocer su perfil criminológico de este jefe de la mafia, elaborado por peritos de la PGR: es considerado un individuo de alta peligrosidad, que define claramente sus metas y la forma de alcanzarlas, utilizando sus habilidades de planeación, organización, negociación y proyección al futuro; siendo él mismo responsable directo de la planeación y seguimiento de sus acciones para concretar exitosamente sus objetivos.
 
Su tenacidad es producto del sentimiento de inferioridad que le produce el factor endógeno concerniente a su baja estatura de 1.55 metros, que refleja mediante una expresión de superioridad intelectual y de ambición desmedida por el poder.
 
Destaca su alta capacidad de reacción con raciocinio; tiene necesidad de liderazgo, controla de manera adecuada su entorno, es obsesivo pero mesurado durante sus actos vindicativos, que son orientados al fortalecimiento de la estructura. Se considera una persona estable emocionalmente.
 
En su realidad interna no existe la culpa; se reconoce a sí mismo como un líder con buenos sentimientos; su rol en la organización criminal se perfila como autor intelectual, pero sin necesidad de la operación directa, esto con el objeto de mantenerse a salvo de detenciones y atentados.
 
El éxito de sus acciones radica en sus habilidades para manipular su entorno y anticiparse a las reacciones de sus antagonistas.
 
Lo caracteriza su egocentrismo, lo que lo lleva a pretender mantenerse en el centro de atención e importancia al interior de su grupo, para conservar el mando y al exterior para denotar superioridad.
 
Encuentra fortaleza en la generación natural de sentimientos de dependencia y lealtad hacia su persona, para crear un entorno de complicidad en el que él resulta ser el más beneficiado, a grado tal que el compromiso de sus dominados podría llevarlos a sacrificar su propia integridad física por resguardar la de él o la de su familia.
 
La traición es un factor detonante de la agresividad que imprime a sus acciones, no le interesa ocultar su autoría, pero es reservado para aceptar su responsabilidad directa o indirecta.
 
Su carácter afable le reditúa un convencimiento natural de las personas con las que interactúa, especialmente de aquellos con los que mantiene vínculos orientados a su protección.
 
Cumple sus compromisos, pero también sus acciones de venganza, utilizando cualquier método violento si se siente amenazado.
 
Es seductor, en apariencia espléndido y protector, genera círculos de confianza, garantiza el éxito de la estructura mediante la identificación y permanencia del grupo.
 
Sin embargo, no es indulgente con sus detractores y no vacila en romper alianzas; este factor pasa desapercibido entre su círculo principal por las muestras de solidaridad que tiene con ellos; infundiendo al mismo tiempo al resto del grupo temor reverencial.
 
Una de sus fortalezas es la tolerancia a la frustración, por lo que la venganza no es un hecho que ejecute con la inmediatez de una persona impulsiva, su respuesta es calculada, pero insistente, su visión es dañar a su adversario utilizando sus debilidades para producir el mayor daño posible.
 
Su capacidad de análisis y de recuperación es elevada, por lo que sus debilidades las transforma en fortalezas que le permiten superar inmediatamente los problemas que enfrenta.
 
En ese sentido se observa que algunas de sus debilidades son el temor a la pérdida de lo que considera sus logros, en primera instancia su libertad, lo que le produciría un estado depresivo; en segundo lugar la pérdida de algún miembro de su núcleo primario podría desencadenar una venganza planeada pero devastadora y ejemplar para los responsables.
 
Su necesidad de convivencia social puede llevarlo a la pérdida de su bien más preciado, que es la libertad.
 

Objetivos de Guzmán Loera

De acuerdo con informes de la PGR, la finalidad de “El Chapo” era debilitar la alianza entre la organización Arellano Félix-Osiel Cárdenas Guillén, a fin de expandir su dominio territorial ejecutando a sus operadores y de defensa legal; esto en respuesta a la ejecución de su hermano Arturo Guzmán Loera alias “El Pollo”, en el penal de máxima seguridad de La Palma, mediante la concreción de mecanismos que le permitan denigrar o destruir a quienes visualiza como culpables de ese hecho.
 
El propósito de Guzmán Loera es adquirir un status de omnipotencia que le permita consolidar alianzas internacionales; en el mediano plazo delegará las funciones de supervisión para disfrutar de los recursos financieros que ha obtenido, ya que sus actividades delictivas iniciaron a la corta edad de 20 años y con un bajo nivel jerárquico, procediendo de un bajo estrato social.
 
oficiodepapel@yahoo.com.mx

sábado, 22 de febrero de 2014

Detrás de la “noticia”

Detrás de la “noticia”
 
 
 
http://contralinea.info/archivo-revista/wp-content/uploads/2014/02/manrique-374-fb.jpg http://bit.ly/1bXU0kG http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2014/02/23/detras-de-la-noticia/

Enrique y Manuel: sobre la pobreza, el desastre económico

 

[…] Los peligros inherentes a la gobernabilidad del neoliberalismo económico, cuando éste, en pleno corazón del sistema económico capitalista, se convierte en gobierno adaptado a las características de la economía globalizada
 Christian Laval y Pierre Dardot, La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal

Los devastadores huracanes Ingrid y Manuel dejaron en ruinas a más de 500 municipios en 22 entidades, esto sin contar los sepultados, desaparecidos y aproximadamente 159 muertos. Sus consecuencias mostraron a Enrique Peña y a Rosario Robles la pobreza real y no la de “sus 400 municipios” seleccionados, a los cuales únicamente les allegaron discursos. Además de la virulencia con que la naturaleza atacó esas zonas, los graves daños también fueron provocados por la total negligencia de la Comisión Nacional del Agua, la Secretaría de Gobernación y los desgobernadores, capitaneados por Ángel Aguirre Rivero, personaje que celebró con sus compinches Los Sentimientos de la Nación, del Siervo José María Morelos y Pavón, en opípara cena, con vinos y mariachis.

Los guerrerenses pobres de este espacio para el turismo internacional y nacional abortaron como un fracaso el programa peñista denominado Cruzada Nacional contra el Hambre, pues nunca pasó de su palabrería a los hechos. Con cuestionamientos y respuestas de la Secretaría de Desarrollo Social, el diagnóstico del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social fue un desplegado de prensa que buscó justificar al peñismo, exhibiendo más los retos que los avances. Y dejan por fuera las críticas fundadas de legisladores del Partido Acción Nacional y del Partido de la Revolución Democrática, como los análisis del investigador José Luis de la Cruz, quien dijo que tal Cruzada “se ha hecho sobre la marcha para responder a la exigencia del presidente de la República, con una orientación asistencialista en lugar de productiva”. Toda la información aparece en La Jornada del 3 de octubre de 2013.

Peña y la señora Robles –quien una vez más fue sorprendida en las prácticas de corrupción que acostumbra desde su paso por la jefatura defeña– “no conocían las dimensiones de la pobreza y el hambre entre 54 millones de mexicanos”. En su plan electoral a la Soriana y Monex, están usando todos los imanes que se les ocurren para comprar votos rumbo a las elecciones intermedias de 2015; y junto con el Chuchismo del Pacto por Peña, impusieron al Congreso de la Unión la aprobación de las contrarreformas de corte neoliberal, en lo político y lo económico, con arreglo al tradicional servilismo de los levantamanos en su versión tecnológica de oprimir la tecla yes para que la pantalla registre el voto mayoritario. En cuanto pasó Manuel por el Océano Pacífico e Ingrid lo hacía por el Golfo de México arrasando cientos de comunidades, Peña y Robles cayeron en la cuenta de la dramática pobreza y hambre en la que sobreviven miles de mexicanos; que su “prueba piloto” en los municipios Mártir de Cuilapan y Acapulco era una fantasía… Y que “la realidad es más pródiga que la más febril fantasía”.

Con su grupo de Atlacomulco y sus asesores del cártel de Salinas de Gortari a través del ahora próspero empresario Pedro Aspe, Peña creyó que nunca descubrirían sus contrarreformas (¡y falta la energética!) como parte de una gobernabilidad a favor de los ricos que, no obstante, impugnan su paquete fiscal. La izquierda no Chuchista con Cuauhtémoc Cárdenas y la escisión perredista con Andrés Manuel López Obrador está atrapada en la cruda realidad de la pobreza que asoma la cabeza sobre todo en las comunidades guerrerenses, así como en todo el país.

Por lo tanto, al desastre ciclónico de Manuel e Ingrid, debemos sumar la catástrofe económica que se cierne sobre la nación por la mala conducción del gobierno y la retención de las partidas para gasto social, en una maniobra perversa de Luis Videgaray y Pedro Aspe, quienes buscaban dárselas de salvadores al liberarlas… Aunque tardíamente lo hicieron y la recesión sentó sus reales para completar el doble desastre: el ciclónico y el económico, al que se dirige la nación. La crisis apenas empieza y los mexicanos, de por sí sufriendo desempleo, despidos, inflación, etcétera, en breve serán cautivos del estancamiento con alza de precios dentro de una severa y muy grave depresión.

Esto convertirá al peñismo en otro huracán aún más destructor. Enrique será peor que Manuel; y Rosario peor que Ingrid. Ya sembraron el desastre que es el neoliberalismo hasta sus últimas consecuencias, porque la gobernabilidad peñista se enganchó a la globalización y sus contrarreformas fiscal, laboral, dizque educativa, de telecomunicaciones, etcétera. Ya son fallidas, puesto que el peñismo está ejerciendo la gobernabilidad con el decadente neoliberalismo económico, el rancio autoritarismo alemanista-salinista y su dosis de calderonismo, más las luces de los astutos Chuchos Zambrano y Ortega, fanáticos peñistas.

Así, pues, a Peña se le apareció la pobreza en toda su trágica realidad con los embates de los huracanes que, como pinza, devastaron más de 500 municipios en 24 estados. Ese dramático suceso se une al desastre económico, el cual, tras el sexenio calderonista, el ciclón Enrique ha aumentando con su mala conducción del gobierno federal. La nación va al despeñadero del neoliberalismo económico y el autoritarismo de “no hay marcha atrás”. El peñismo no tiene reversa ni freno.

*Periodista

España: se generaliza la precarización laboral


 
Laura Zamarriego Maestre*/Centro de Colaboraciones Solidarias

“Suponte que ofreces un empleo y sólo hay una persona que quiere trabajar: tienes que pagarle lo que pida. Pero supón que haya 100 hombres interesados en el empleo, que tengan hijos y que estén hambrientos; que por 10 miserables centavos puedan comprar una caja de gachas para sus niños. Ofréceles 5 centavos y se matarán unos a otros por el trabajo”. Este fragmento de Las uvas de la ira, de John Steinbeck, simboliza la situación actual de muchos jóvenes europeos: trabajar sin contrato ni prestaciones sociales, en empleos temporales e incluso sin cobrar. Un camino hacia la precariedad laboral, que resta calidad a la vida y lleva a la frustración.

Según el estudio Crisis y contrato social: los jóvenes en la sociedad del futuro, cerca del 50 por ciento de los españoles entre 18 y 24 años aceptaría cualquier trabajo, en cualquier lugar, a pesar de que el sueldo fuera muy bajo. De hecho, un 85 por ciento de ellos considera muy probable tener que trabajar en lo que sea, así como depender económicamente de sus familias en un futuro próximo.

El miedo a la desocupación, condicionado por los elevados índices de desempleo, es evidente: los que tienen trabajo, temen perderlo. Aquellos que no lo tienen, temen no encontrarlo. Por eso muchos jóvenes aceptan empleos bajo condiciones indignas, y en ocasiones también ilegales. Se podía leer este anuncio en un portal en internet: “Buscamos dependienta para trabajar 2 meses no remunerados (de prueba). De lunes a sábado, 8 horas al día con horario partido. Después de los 2 meses, si se logra el nivel de ventas esperado, se la pagaría por día trabajado, cada vez que la llamemos para que venga”.

Algunas empresas ven la crisis económica como una oportunidad y se aprovechan de la debilidad de las personas. Prometen un posterior contrato que nunca llega o atraen con el pretexto de mejorar el currículum.

Desde la Fundación de la Universidad Carlos III de Madrid aseguran que, con la crisis, han aumentado las peticiones de becarios por parte de las empresas. Así cubren puestos que antes ocupaban trabajadores en nómina. “Son incontables las empresas en las que becarios que trabajan por la voluntad sacan adelante múltiples tareas, mientras los jefes se refugian en sus peceras”, denuncia el profesor universitario César García. Los jóvenes que quieren trabajar quieren que también se valore su trabajo. Una cosa son las prácticas universitarias reguladas que, con independencia de la remuneración, tengan como objetivo ayudar a los estudiantes en su formación y ofrecerles experiencia, y otra muy distinta son los contratos abusivos que convierten a los jóvenes con ganas o necesidad de trabajar en víctimas de la inseguridad laboral. Sin un empleo digno y de calidad, se fomenta la idea de fracaso y el sentimiento de apatía. Es necesario recuperar ese principio para salir de la recesión.

Explica Alberto González, gerente de conocimiento del Grupo Promotora de Informaciones, SA: “Desde antes del inicio de la crisis, las políticas sociales para paliar la pobreza no se estaban dirigiendo hacia el objetivo de erradicarla, sino al propósito mucho menos exigente de reducir el número de personas con derecho a prestaciones bajo esa condición. Es decir, ahorrar”. Con medidas de parche, preocupadas por cuadrar los balances, se marginan a los 980 mil menores de 25 años en desempleo –57 por ciento del total–. Pero el gobierno de España mantiene su discurso: “estamos creando puestos de trabajo”. Las estadísticas lo contradicen: estamos a la cola de Europa.

Lo que caracteriza a la precarización laboral no es sólo su nivel salarial, sino la falta de apoyo comunitario en tiempos de necesidad, opina el economista británico Guy Standing, quien analiza una nueva clase social mayoritaria expuesta a los caprichos del mercado.

Pero algunos jóvenes indignados no se conforman con salir del desempleo para entrar en la precariedad. “Trabajar gratis es un lujo que no me puedo permitir. Tengo dos carreras, tres idiomas, 6 años de experiencia laboral y mucho sentido común que enciende la alarma al escuchar una oferta salarial que roza el mínimo obligatorio”, dice Elena. “Un sueldo que coarta mi libertad y me limita a un único estilo de vida: el de la supervivencia”.
*Periodista

Estancamiento con deflación, el décimo momento de la crisis


23. febrero, 2014 Opinión
Oscar Ugarteche*/Ariel Noyola Rodríguez**

Todo parece indicar que ha comenzado con fuerza el décimo momento de la crisis iniciada en agosto de 2007, que ha implicado múltiples quiebras bancarias y costos fiscales masivos en Estados Unidos. Esto ha sido seguido por ajustes de consumo que han impactado sobre el crecimiento de la economía en las zonas euro y británica. La inyección de liquidez de la banca central para evitar una deflación llevó, en un primer momento, a un auge de precios en el mercado de commodities (mercancía de uso comercial) y generó una crisis de dos velocidades: los detenidos y los que crecían porque sus exportaciones tenían precios altos.

Los programas de estímulo monetario del Sistema de la Reserva Federal (Fed, por su acrónimo en inglés) estadunidense y el Banco de Inglaterra desde 2009, el Banco Central Europeo desde 2012 y el Banco de Japón desde 2013 terminaron por dotar a la banca de inversión de un mayor apalancamiento, y con ello favorecieron apuestas especulativas en los mercados de renta variable (commodities, acciones, tipos de cambio y bienes raíces). De ahí se desprende que el repunte de los mercados de valores no haya arrastrado la recuperación del mercado de trabajo en ninguna parte. Lo que hizo fue sostener un nivel de precios en leve crecimiento artificialmente, en un contexto de contracción del consumo en las economías maduras.

En mayo de 2013, la decisión de Ben Bernanke, entonces presidente de la Fed, de terminar con el programa, puso sobre la mesa la fragilidad de la recuperación económica global y reveló el unilateralismo estadunidense en la toma de decisiones para beneficio propio, sin mirar los efectos sobre el resto del mundo.
Durante su discurso en el Club de Prensa Nacional en Washington a mediados de enero de este año, la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, se convirtió en la primera autoridad mundial en alertar sobre los “riesgos de deflación” en las “economías avanzadas”. Esto es cierto para Estados Unidos, pero en especial para la zona euro, con una inflación interanual de 0.8 por ciento a diciembre de 2013, por debajo del objetivo de 2 por ciento fijado por el Banco Central Europeo. Los datos oficiales muestran deflación para prácticamente la mitad de Europa desde mayo. Japón apenas logra salir de su deflación de larga data iniciada en la década de 1990.

Con expectativas de reducción de precios a futuro, el consumo presente se contrae con un efecto multiplicador negativo sobre la demanda agregada. La inversión se reduce y la banca se muestra más renuente a prestar. Por otro lado, se precipita la quiebra de bancos y empresas y aumenta la centralización de capital (véase de Alberto Graña, “¿El mundo en deflación?”, www.obela.org/node/1624). Los datos antes de la deflación muestran que durante 2013 desaparecieron 269 instituciones financieras europeas (EUbusiness, 21 de enero de 2014), y 767 estadunidenses entre diciembre de 2010 y septiembre de 2013, según la Corporación Federal de Seguro de Depósitos estadunidense.

Por otro lado, de acuerdo con el informe Perspectivas de la economía mundial del FMI actualizado a enero de 2014, las economías emergentes crecerán 5.1 por ciento en promedio durante el año en curso, arrastradas por China, que crecerá 7.5 por ciento. Como ya es habitual, los estimados del Fondo están sobrevaluados. Los indicadores del Metals Futures Market de enero muestran una baja de precios de 11 por ciento. El descenso iniciado en 2011 se ha acentuado conforme se anunció el inicio del fin del programa de estímulos monetarios en mayo, se concretó en diciembre de 2013 y comenzó a ejecutarse en enero. Los precios de las materias primas están determinados a medias por la demanda real: la demanda financiera también juega un papel importante.

Lo que se está viendo, por tanto, es el fin del triple arbitraje de tasas de interés, tipos de cambio y precios de activos financieros, observado desde que las tasas de interés se volvieron negativas en 2003 y acentuaron su caída desde 2009. El fin del triple arbitraje implica la inversa con el impacto sobre los tipos de cambio de las economías emergentes, la tasa de inflación en dichas economías y las tasas de interés. La consecuencia de una contracción del consumo podría derivar, río abajo, en una recesión económica en el mundo emergente. En agregado significa la generalización global de la crisis. La interrogante es hasta cuándo permanecerá el Continente Asiático al margen de esta dinámica.

“La cooperación monetaria internacional se ha roto […]. Los países industrializados tendrían que desempeñar un papel protagónico en la restauración [de la cooperación entre los bancos centrales], no pueden lavarse las manos y ajustar”, sentenció Raghuram Rajan, actual gobernador del banco central de India y exfuncionario del FMI, en una entrevista con Bloomberg Tv (Citado por Larry Elliot, The Guardian, 30 enero de 2014). La verdad es que no les interesa. Mientras las tasas de interés en las economías maduras sigan negativas en términos reales, subirán en las economías emergentes; así aseguran el traslado de riqueza mientras intentan contener lo inevitable al menos en el corto plazo. Estamos en un escenario similar a 1934, con el optimismo de que la crisis ya pasó y el desastre ad portas.

*Economista peruano; investigador en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México; miembro del sistema Nacional de Investigadores/Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; coordinador del Observatorio Económico de América Latina, y presidente de la Agencia Latinoamericana de Información

**Miembro del Proyecto Observatorio Económico de América Latina, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México

Mancera: ¿político con alma derechista?


23. febrero, 2014     Opinión
 

En la Ciudad de México los gobiernos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) habían sido afines a los intereses y convicciones de la población capitalina y en especial de los sectores más desprotegidos.

Las políticas de bienestar social de Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard, lo mismo que la firme defensa del Estado laico que llevó a cabo este último, explican el gran apoyo popular que cosechó la izquierda en la Ciudad, y por ello el fácil triunfo de Miguel Ángel Mancera en los comicios de 2012.

Aunque llegó al poder bajo esas circunstancias, Mancera inició

 su mandato con una política contraria al bien de las mayorías, con decisiones como el aumento a las tarifas del transporte público.

Asimismo, mostró un claro interés por congraciarse con jerarcas católicos, con la clase política y con sectores privilegiados.

Sin embargo, aún es posible que el titular del Gobierno del Distrito Federal rectifique el rumbo.
Con el dinero y contra el pueblo

Nacido en 1966, Mancera es abogado de profesión; tiene estudios por la Universidad Nacional Autónoma de México, por la Universidad de Barcelona y por otras instituciones, como la Universidad Panamericana, del Opus Dei, donde ha sido profesor, lo mismo que en otras escuelas privadas, como el Instituto Tecnológico Autónomo de México y la Universidad del Valle de México.

Fue procurador de Justicia en el Distrito Federal antes de convertirse en jefe de gobierno, en 2012, como resultado de unos comicios donde ganó con más del 60 por ciento de los votos.

Obviamente, los capitalinos votamos por él con la expectativa de que continuaría con los lineamientos de sus predecesores; de ellos fue el mérito de su elección, no del propio Mancera.

Llegado al poder, Mancera se apresuró a seguir el camino de muchos políticos, enemigos de los pobres.

A lo largo de 2013, con los aumentos a las tarifas de autobuses urbanos, del Metrobús y finalmente en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, Mancera propinó un golpe demoledor a la economía de los capitalinos que recurrimos a esas formas de transporte.

Para justificar esas medidas, el gobierno capitalino alegó supuestos apremios económicos; pero si bien la población se mostró tolerante con los aumentos de los camiones y del Metrobús, su paciencia se agotó con el aumento en el boleto del Metro, de tal suerte que surgieron protestas populares.

Frente a ellas, el gobierno capitalino adoptó la estrategia, de inspiración derechista, de pregonar un combate al ambulantaje en los vagones y estaciones del Metro, como si con eso beneficiara a los usuarios de ese transporte y a las familias más necesitadas.

En realidad, los ambulantes, algunos de ellos discapacitados o ancianos, encuentran en esa actividad una forma honesta de ganarse la vida, ofreciendo a los pasajeros mercancías a mejores precios que los predominantes en el comercio establecido.

Al transportarnos en el Metro nos encontramos, por ejemplo, a jóvenes, ancianas y ancianos, discapacitados, etcétera, que venden plumas, rastrillos y hasta diccionarios a módicos precios. Con ello, a los pasajeros no nos hacen daño alguno, ni desearíamos que perdieran su trabajo y se vieran en condiciones más dramáticas todavía.

Empero, Mancera presentó la eliminación del ambulantaje en el Metro como uno de los supuestos beneficios que, luego del aumento de sus tarifas, ofrecerá el Sistema de Transporte Colectivo a la población.
Con ello demostró que no tiene sensibilidad hacia las necesidades de los pobres.

Algunos medios de comunicación informaron que desde el aumento de la tarifa, el Metro desplegó carteles en los vagones en los que invita a los usuarios a no comprar mercancía a los informales para no fomentar su permanencia (véase, por ejemplo, El Universal online).

Se trataba de una campaña de linchamiento contra quienes no pueden defenderse, como son ese tipo de vendedores, humildes y desprotegidos, pues al gobierno capitalino no se le ocurriría poner cartelones incitando a la gente a no comprarles a los voraces y multimillonarios dueños de las grandes cadenas comerciales.

En el colmo del cinismo, políticos capitalinos propusieron hacer campañas para convencer a la gente de que apoyara el aumento al Metro, o bien se alegó que, según encuestas, la mayoría de los usuarios estaba de acuerdo con el aumento.

Sin necesidad de apelar a encuestas y campañas publicitarias, es un hecho que el alza en las tarifas perjudica a la gente, pues sus recursos se verán reducidos. Si a Mancera le redujeran sus ingresos, se vería perjudicado, lo cual podemos concluir sin necesidad de recurrir a encuestas.

Esa forma de gobernar, quitándole recursos a la gente y justificando el expolio mediante propaganda y “encuestas”, propio de políticos neoliberales o derechistas, no había sido el estilo de los gobernantes perredistas del Distrito Federal.

Además, suele suceder que detrás de los grandes aumentos dictados por un gobierno, se produce el saqueo de los recursos públicos por parte de funcionarios y políticos, quienes siempre están deseosos de obtener más dinero, que usualmente proviene del erario.

Al contrario de Mancera, preocupado por recaudar cada vez más, y por justificarse mediante pretendidas encuestas, en su momento López Obrador no abrumó a la gente con aumentos de precios, sino que destinó recursos a la atención de los ancianos y de los más necesitados.

Ésa fue su mejor encuesta y su mejor propaganda, al grado de que en 2005 y 2006 tuvo un apoyo multitudinario para llegar a la Presidencia de la República, lo que no fue posible por las presiones de los sectores poderosos, no por falta de apoyo popular.

El caso de Mancera evoca al de Vicente Fox en 2006, y al de Enrique Peña Nieto en 2012. Fox llegó al poder en 2000 gracias al desgaste de los gobiernos priístas y con la mentirosa oferta de un “cambio”, que sería una solución milagrosa a todos los problemas nacionales.

Llegado al poder, se dedicó a enriquecerse y a empobrecer al pueblo que, cansado de 2 sexenios panistas de abusos y saqueos, aceptó de nuevo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) con la expectativa de mejorar su situación, mientras que Peña Nieto, desmintiendo esa ilusión, se ha dedicado a poner en práctica medidas agresivas contra el pueblo y contra la soberanía nacional.

Mancera va por el mismo camino: llegó al poder para ser un continuador de Obrador y de Ebrard, como obviamente dictó el voto popular en los comicios de 2012, y ha resultado un fiasco, del que seguramente se aprovecharán el PRI y el Partido Acción Nacional (PAN), y que por ello pone en peligro la permanencia de la izquierda en el gobierno de la Ciudad.

Afinidades con Norberto Rivera y con Peña Nieto

En contraste con sus predecesores Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, ha sido visible, además, el acercamiento de Mancera con el clero católico, con Peña Nieto y con sectores privilegiados.

Ebrard se atrevió a ampliar las libertades de las y los capitalinos con reformas como la despenalización del aborto y la legalización del matrimonio homosexual.

En su momento, el clero y los sectores reaccionarios auguraban que esas decisiones tendrían un elevado costo electoral para el PRD en la capital, y fue totalmente a la inversa: el PRD cosechó un triunfo abrumador, mientras que el partido del clero, el PAN, tuvo una votación mucho más reducida.
Mancera desdeñó ese resultado, pues una de sus primeras acciones fue irse a congraciar con El Vaticano y con el Arzobispado, como si ellos hubieran apoyado su triunfo, o fueran amigos de la izquierda, o como si no entendiera que la religiosidad del pueblo de México, en especial en la capital, no es de tipo político, ni siquiera doctrinaria.

En marzo de 2013, Mancera acompañó a Peña Nieto en su viaje al Estado de la Ciudad del Vaticano para asistir a la toma de posesión del papa Francisco, como uno de los pasos para estrechar aún más la relación del gobierno mexicano con la Iglesia Católica.

El viaje de Mancera a El Vaticano, que marcó un distanciamiento entre el jefe de gobierno y la defensa del Estado laico, le acarreó críticas, incluso de integrantes del partido que lo postuló.

En enero de 2013, Mancera Espinosa y el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, echaron a andar el programa Por tu Familia, Desarme Voluntario, en el atrio de la Basílica de Guadalupe (www.forumvida.org/religion-y-politica/encabeza-miguel-angel-mancera-y-el-cardenal-norberto-rivera-programa-de-despistolizacion-en-el-atrio-de-la-basilica-de-guadalupe).

En el evento, Mancera subrayó la participación de los representantes de la Iglesia Católica en la campaña de despistolización y agradeció a Rivera Carrera “el apoyo y reconocimiento a las acciones que su administración aplica en favor de la seguridad de los capitalinos y, al rector de la Basílica de Guadalupe, Enrique Glennie Graue, por haber aceptado instalar el centro de acopio en el atrio del templo mariano” (sic).
Por su parte, Rivera expresó que el clero capitalino también “cooperará” en otros programas, incluso “en el campo de la educación con centros educativos, sobre todo para alfabetizar”.

En suma, Mancera se esforzó por distanciarse de las tendencias que le dieron al PRD capitalino un apoyo popular y un sentido histórico.

¿Cambio de rumbo?

Empero, luego de una primera etapa de su gestión, de signo marcadamente antipopular, el gobierno encabezado por Mancera quizás esté modificando su rumbo, en conformidad con los anteriores gobiernos perredistas de la Ciudad.

Además de insistir en que no se decretarán nuevos aumentos en el transporte público y se mitigarán los efectos de los ya aprobados, e incluso se brindarán apoyos a los ambulantes afectados, hay otras decisiones que pueden apuntar en ese sentido.

Una de ellas es el nombramiento de Patricia Mercado al frente de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo del Distrito Federal. Mercado tiene una larga trayectoria en el feminismo y ha defendido la despenalización de las drogas.

Aunque las biografías políticas suelen tener claroscuros, desde el punto de vista ideológico la designación de Mercado es acertada y contrasta totalmente con los nombramientos que se hicieron en el gobierno federal durante la época panista: de empresarios y activistas católicos conservadores, como Carlos Abascal Carranza, quien precisamente ocupó, en el sexenio de Fox, el cargo de secretario del Trabajo y Previsión Social.
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México