miércoles, 6 de enero de 2016

Las delincuencias ya invadieron todo el país

I. Faltaba que la todavía capital del país –en transición a ser el estado 32 de la Federación– fuera invadida por la nueva barbarie, en el contexto del terrorismo mundial de las 1 mil y una modernas delincuencias encabezadas por el narcotráfico, y ese hecho ya sentó sus reales en el territorio asiento de los poderes del Estado Federal. Se venía hablando, primero en voz baja y luego abiertamente, que los capos habían establecido sus domicilios en los estados de Morelos, de México, Puebla, Querétaro y Veracruz, buscando lo increíble: ¡seguridad! para ellos, sus familias y sus estados mayores, hasta que decidieron domiciliarse en el Distrito Federal, desde donde ellos y la demás delincuencia dirigen sus tentáculos en la siembra, cosecha y comercialización de las drogas dentro y fuera del país; para con modernos sistemas financieros convertir en dólares sus millonarias ganancias, y poder sobornar a quienes deberían vigilarlos. Pero ya se establecieron en la Ciudad de México (así se seguirá llamando cuando transite, legal y políticamente, a entidad de la Federación), toda clase de secuestradores, timadores bancarios, tratantes de mujeres, captores de emigrantes para llevarlos a las guaridas de los narcos, etcétera.



ConjeturasII. Desgobernada, lo que significa que los problemas han rebasado la capacidad del Jefe de Gobierno –quizá su último mientras se elige al gobernador 32–, la capital del país ya está en manos de toda clase de delincuentes. Son sicarios que todos los días dan la nota sangrienta, cumplen amenazas y siembran el terrorismo en las calles, en complicidad con los delincuentes comunes. Sobreviven los capitalinos a esa barbarie de robos a mano armada, asaltos a viviendas; y desalojos por la fuerza de edificios donde participan inmobiliarias para apropiarse de ellos y construir otros, pues están muy solicitados para los nuevos negocios de ese capitalismo vorazmente acaparador. Si el mal gobierno peñista prevalece, las entidades, incluyendo a la ciudad de México están totalmente presas del desgobierno. Y esto pone las condiciones de mayor éxito para las delincuencias que se apoderan de cuanto quieren al amparo de la corrupción, la impunidad y la complicidad, donde las policías, con todo y que por lo general cumplen con sus obligaciones, no pocos de sus elementos participan delincuencialmente.


III. Los delincuentes ya invadieron todo el país. No hay entidad a salvo, para cuando menos controlarlos. Son lo antisocial. Y la sociedad civil sobrevive bajo esa enorme presión delincuencial que todos los días secuestra y desaparece niños, mujeres y hombres para alimentar un negocio que les deja muchísimo dinero. Las fuerzas del orden no se dan abasto. Las policías se han corrompido como nunca. Y los funcionarios no le hallan la cuadratura al círculo de la terrible inseguridad. Los narcos junto con otras delincuencias se han avecindado en la capital del país, para desde su nuevo domicilio manejar sus actividades de barbarie y terrorismo con el fin de cosechar el miedo de la población abandonada a su suerte de sangre y fuego.


Álvaro Cepeda Neri


*Periodista



Las delincuencias ya invadieron todo el país

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