jueves, 17 de diciembre de 2015

Londres, París y Tel Aviv, detrás del derribo de avión ruso

El derribo de un avión ruso por parte de Turquía tenía como objetivo que Moscú entendiera que no debe inmiscuirse en la tercera guerra contra Siria. El efecto fue inverso: Rusia está reforzando su participación mientras Turquía queda aislada. Londres, París y Tel Aviv ven desvanecerse el escenario que habían diseñado para Siria



Thierry Meyssan/Red Voltaire


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Damasco, Siria. Al término de la Guerra Civil turca, Turquía amenazó a Siria con invadirla, recurriendo al respaldo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), si Damasco mantenía su decisión de dar asilo al líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por su sigla en turco) Abdullah Ocallan. El entonces presidente sirio Háfez al-Assad se vio así obligado a solicitar al jefe del PKK que buscara otra tierra de asilo, y tuvo que concluir un acuerdo verbal con Turquía. Ambas partes decidieron que el Ejército turco podría penetrar en territorio sirio, hasta 8 kilómetros a partir de la frontera común, para garantizar que el PKK no pudiese disparar con morteros desde el suelo sirio.


Desde el inicio de la actual agresión contra Siria, el Ejército turco ha usado y abusado de ese acuerdo verbal, no para prevenir posibles ataques del PKK, sino para crear en esa zona campos de entrenamiento para los yihadistas.


En octubre de 2015, cuando comenzaba la campaña militar rusa y Salih Muslim iniciaba la operación de kurdización forzosa del Norte de Siria, el célebre investigador turco Fuat Avni anunció a través de su cuenta de Twitter que Turquía estaba preparando la destrucción de un avión ruso. Y eso fue lo que sucedió el 24 de noviembre.


Con vista a la tercera guerra contra Siria, el objetivo era dirigir a Rusia un mensaje para que se limitara a defender Damasco y Latakia y dejara el resto del país en manos de Turquía y sus aliados.


En el plano técnico, la defensa aérea de Turquía, al igual que la de los demás países miembros de la OTAN, se coordina desde el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC, por su sigla en inglés) de Torrejón, en España. Por consiguiente, el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea turca, general Abidin Unal, tendría que haber informado previamente al comandante del CAOC, el general español Rubén García Servert. Por el momento, se ignora si fue eso lo que sucedió. En todo caso, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha confirmado que él mismo dio personalmente la luz verde a la orden de derribo del avión ruso.


Por su parte, el Estado Mayor ruso había comunicado previamente a la OTAN los planes de vuelo de sus aviones, lo cual demuestra que la OTAN sabía perfectamente que el avión “desconocido” era ruso, contrariamente a lo que alega Ankara. Por otro lado, un sistema de alerta temprana y control aerotransportado (AWACS, por su sigla en inglés) de la OTAN había despegado previamente desde la base griega de Aktion (cerca de Preveza) para vigilar la zona.


Los aviones rusos estaban bombardeando la brigada que lleva el nombre del sultán Abdulhamid, el último sultán otomano –tristemente célebre por sus masacres contra los cristianos del Oriente–. Desde el inicio de la guerra contra Siria, los servicios secretos turcos han estado armando y manipulando las milicias turcomanas del Norte de Siria. La prensa turca ha mencionado el envío de al menos 2 mil camiones de armas y municiones –hecho reconocido incluso por el propio presidente Erdogan–, armamento que dichas milicias distribuyeron en su mayoría, y de inmediato, a los hombres de Al Qaeda.


En 2011, esas mismas milicias turcomanas desmontaron las 80 mil fábricas de Alepo, la capital económica de Siria, cuyas máquinas fueron enviadas después a Turquía. Por lo tanto, el objetivo de los bombardeos rusos, contrariamente a las afirmaciones de Turquía, no era la población civil turcomana sino destruir un grupo terrorista responsable de actos de saqueo organizado, en el sentido descrito en las convenciones internacionales. Los bombardeos rusos habían provocado la huida de 1 mil 500 civiles y airadas protestas de Turquía, país que envió una carta al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


Alparslan Celik, yihadista turco –no sirio– y miembro de los Lobos Grises, dirige las milicias turcomanas en Siria. Este individuo reivindica la ejecución del piloto del Sukhoi Su-24 ruso.


El principal líder de las milicias turcomanas de Siria es Alparslan Celik, miembro de los Lobos Grises, el partido neofascista turco históricamente vinculado a los servicios secretos de la OTAN. Alparslan Celik se jactó de haber ordenado disparar contra los pilotos rusos cuando éstos descendían en paracaídas.


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El avión ruso destruido estuvo solamente 17 segundos en el espacio aéreo turco y fue derribado cuando ya se encontraba en el espacio aéreo de la República Árabe Siria. Sin embargo, Turquía, que considera como anexada la zona de 8 kilómetros de profundidad de suelo sirio donde tenía derecho a penetrar en virtud al acuerdo verbal con el anterior presidente sirio, Háfez al-Assad, puede haber imaginado que la intrusión rusa fue más larga. En todo caso, al maniobrar para derribar el avión ruso, el F-16 turco penetró durante 40 segundos en el espacio aéreo de Siria.


Por su parte, Rusia no había tomado medidas de protección de sus bombarderos, ya que Turquía participa oficialmente en la lucha contra las organizaciones terroristas. También hay que tener en cuenta otros hechos: una intrusión aérea de pocos segundos nunca se considera como una “amenaza para la seguridad nacional”. Turquía tenía, además, conocimiento de las operaciones rusas en la zona y, por último, la propia Turquía viola diariamente el espacio aéreo de otros países, entre los que se halla Chipre.


A pedido urgente de Turquía, la OTAN reunió el Consejo del Atlántico Norte, que no fue capaz de adoptar una resolución y se limitó a una breve declaración de su secretario general, llamando… a la desescalada. Diversas fuentes han mencionado por ello la existencia de divergencias en el seno del Consejo del Atlántico Norte.


La prensa oficial de Arabia Saudita publicó una grabación de audio de lo que parece ser una advertencia de los controladores aéreos militares turcos al avión ruso avisándole que estaba a punto de penetrar en el espacio aéreo turco. Numerosos políticos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por su sigla en turco y partido del presidente Erdogan, actualmente en el poder) comentaron la grabación, denunciando la situación de peligro supuestamente creada por la aviación rusa. Pero las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa desmintieron esta grabación, probando que se trataba de una falsificación. El gobierno turco afirmó entonces que no tenía nada que ver con la difusión de dicha grabación.


El presidente Putin ha calificado el derribo del Su-24 de “puñalada por la espalda”. También denunció públicamente el papel de Ankara en el financiamiento del Emirato Islámico, específicamente mediante el libre tránsito del petróleo robado a través de Turquía. El ministerio ruso de Relaciones Exteriores ha pedido a los 4.5 millones de turistas rusos que planeaban viajar a Turquía que anulen sus reservaciones y ha restablecido la exigencia de visas a los ciudadanos turcos que pretenden entrar en Rusia. El Kremlin emitió además un decreto que prohíbe todo nuevo contrato entre personas u órganos rusos y personas y entidades turcas (esta medida incluye el empleo de personal, la importación y exportación de mercancías así como el turismo).


Para garantizar la protección de su aviación en Siria, Rusia ha desplegado en la zona una treintena de aviones de combate suplementarios que escoltarán sus bombarderos tácticos.


Pero lo más importante en ese sentido es el despliegue de misiles tierra-aire S-400 en el aeropuerto militar de Hmaymim, cerca de Latakia. Con un alcance efectivo de 600 kilómetros, esos sistemas antiaéreos son capaces de seguir simultáneamente hasta 160 blancos y destruirlos. La coalición estadunidense, de la que forman parte Francia y Turquía, ha ordenado de inmediato la suspensión de sus vuelos sobre Siria.


De todo lo anterior, podemos concluir que la OTAN estaba informada sobre la preparación del ataque turco y permitió su realización. Todo hace pensar que Washington, que podría respaldar el proyecto de creación de un Kurdistán en Turquía, pero se opone al montaje de un seudokurdistán en el Norte de Siria, se dispone, junto a Rusia, a contrarrestar el proyecto franco-israelo-británico, como en 1956, cuando los dos grandes se opusieron a la colonización del Canal de Suez.


Elementos fundamentales:


El derribo del Su-24 por parte de Turquía no fue un accidente sino una operación planificada desde hace tiempo para empujar a Rusia fuera de la zona que Francia, Israel y el Reino Unido pretenden ocupar. La OTAN, que ha seguido paso a paso la operación rusa contra los grupos armados turcomanos, también siguió de cerca el ataque turco y decidió no intervenir.


Lejos de ceder a la presión, Rusia ha encontrado en este incidente una razón y, al mismo tiempo, una oportunidad para incrementar su presencia militar en Siria. Lo cual hizo de inmediato desplegando allí misiles antiaéreos S-400.


Las prácticas de Turquía –saqueo de las fábricas sirias, instalación de campos para el entrenamiento de yihadistas en el Norte de Siria, asesoramiento militar a los yihadistas, respaldo a Al Qaeda, contrabando de petróleo robado para financiar el Emirato Islámico–, todas cuidadosamente ignoradas durante 4 años por la gran prensa internacional, están siendo ahora públicamente mencionadas.


La operación franco-israelo-británica tendiente a la creación de un seudokurdistán en el Norte de Siria está detenida. Los aviones de la coalición encabezada por Estados Unidos ya no se atreven a aventurarse en el espacio aéreo de Siria.


Thierry Meyssan/Red Voltaire


[BLOQUE: ANÁLISIS][SECCIÓN: INTERNACIONAL]



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