domingo, 18 de octubre de 2015

El hombre entre la Dinamarca utópica y la “podrida”

I. Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido como Mark Twain (1835-1910), fue reportero y marinero. “Su fama universal se basa en sus dotes para combinar la picardía e inocencia infantiles, con una visión ingenua y popular, complicada… por su concepción amarga y sombría del hombre […] como un ser hipócrita, víctima y engañado por sí mismo”, escribió Eric Mottram, uno de sus biógrafos. Fue espectador y crítico del despegue de su país hacia el capitalismo moderno; y sus obras son un compendio de ironías, burlas y comicidad sobre las relaciones humanas. Es autor de la breve novela E1 hombre que corrompió una ciudad, cuyo tema viene muy a pelo para el peñismo, que terminó de corromper el ejercicio del poder presidencial. Y es que la corrupción en nuestro país se inició con el sexenio alemanista; se intensificó desde el salinismo, y Peña y su pandilla han continuado esa corrupción a tal extremo, que sólo una rebelión popular-social, con visos revolucionarios, podría clausurar.


II. Peña es ese hombre que terminó de corromper al gobierno federal, junto con los desgobernadores. Y utilizo el título de esta novela para referirme a la corrupción peñista, cuyas mansiones como punta del iceberg, equivalen a las talegas del grupo Higa entregadas al peñismo. Peña y los suyos han terminado por corromper al gobierno federal y a sus donadores-cómplices –hoy desgobernadores– para su campaña. El relato de Twain se queda corto, pues la realidad, como dijo el clásico, “es más pródiga que la más febril fantasía”. Y es que tenemos la Dinamarca utópica que ha recogido Lorenzo Meyer, nuestro intelectual comprometido con las democracias directa e indirecta, en su columna titulada: “¿Llegaremos a ?Dinamarca’?”; la que acuñó el Banco Mundial para referirse a una Dinamarca “como país democrático, pacífico, con instituciones estatales que funcionan, con una economía desarrollada, un alto nivel de vida y una distribución del ingreso equitativa”. Una Dinamarca como la real, pero llevada a extremos de ser una sociedad ideal (lo que casi es lo mismo que utópica).

III. La otra Dinamarca es a la que se refiere el genio inglés Shakespeare en su Hamlet. Y donde aparece la devastadora frase: “Algo está podrido en el Estado de Dinamarca”. Hamlet es la biografía de la humanidad contemporánea. En esa tragedia nos miramos los mexicanos. Y pregunta Lorenzo Meyer si México, una versión del Hamlet en toda su tragedia, podría llegar a ser la Dinamarca ideal, democrática, pacífica, con crecimiento al menos del 3 por ciento, distribución del ingreso para casi desaparecer las desigualdades… La verdad suena no a algo difícil, sino casi imposible, “pero vale la pena, y mucho, seguir insistiendo en que es deseable y posible abandonar la desafortunada etapa en que se encuentra hoy nuestra vida política para intentar llegar a Dinamarca” (Reforma, 8 de octubre de 2015). Pero con nuestros actuales desgobernantes, parece imposible salir de la actual Dinamarca “donde algo está podrido”, y donde, con Ayotzinapa-Tlatlaya, “una desgracia va siempre pisando los talones de otra”. Y es que estamos hasta el cuello de la Dinamarca del Hamlet donde casi todo está podrido.


Álvaro Cepeda Neri*


*Periodista 


 


 


Domingo, 18 Octubre 2015



El hombre entre la Dinamarca utópica y la “podrida”

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