domingo, 13 de septiembre de 2015

Llevaron al Ejército a la traición


El papel de las Fuerzas Armadas de México es cada vez más el de un enemigo de su misión histórica: cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. En el sexenio de Vicente Fox (2000-2006), el general secretario Clemente Vega García supo, en algún momento en que la situación lo urgía, solicitarle por escrito las órdenes al mando supremo, obligándolo a rectificar una de sus tantas burradas, pero hasta ahí llegó. En las elecciones de 2006, los altos mandos no se percataron (¿será?) del fraude electoral mediante el cual Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa asumiera la Presidencia de México. Peor aún: la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Secretaría de Marina (Semar) se apresuraron a ponerse a la órdenes del ilegítimo en una ceremonia realizada la noche anterior a la toma de la posesión presidencial, en el Campo Marte en la Ciudad de México; dicho acto fue inventado al efecto para hacer patente la subordinación de ambos secretarios; indignantemente pusieron bajo custodia del Heroico Colegio Militar (“por el honor de México”) la banda presidencial tricolor, destinada a colocarla en el pecho del espurio que tuvo que ser resguardado por el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada; cercaron el recinto legislativo para ponerlo a salvo de la inconformidad del pueblo… Días después, a un gesto del dipsómano, las Fuerzas Armadas de México lanzaron, sin más ni más, a sus soldados y marinos a la “guerra”.


Pareciera que se acrecentaba cada vez más el empeño de los altos mandos por convencer de su “lealtad” al Ejecutivo federal que los instalaba en la Sedena o la Semar, pues en las elecciones de 2012 no solamente se solapó otra vez el fraude electoral, sino que Enrique Peña Nieto fue impuesto a la nación, sin exageración alguna, por las bayonetas de las Fuerzas Armadas Mexicanas en las mismas condiciones descritas anteriormente.


El general Salvador Cienfuegos Zepeda y el almirante Vidal Francisco Soberón se apresuraron a comentar, por medio de la prensa y la televisión, el apoyo incondicional y su “lealtad a las instituciones” –casualmente priístas– a quien nunca demostró legitimidad para ejercer la Presidencia de la República. En este país nunca se recuenta el voto. Pronto lo confirmaron esos secretarios impulsando las reformas estructurales y el Pacto por México, al igual que los partidos políticos, servilmente coludidos para destrozar la Constitución de 1917, promulgada al triunfo de la Revolución Mexicana que costó la vida de 1 millón de mexicanos que lucharon por la salud, la educación, las Leyes de Reforma, el laicismo, la Ley del Trabajo, la Reforma Agraria y la sentencia de que “lo que está en México es de los mexicanos”, para nacionalizar el petróleo.


Lo más grave fue que, para sostener el apoyo prometido a Peña, a Cienfuegos y Soberón no les importó violar el juramento pronunciado al causar alta en filas. Cuando el interventor nombrado al respecto por la superioridad preguntó: “¿Protestáis cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen?”, respondieron el soldado y el marino mexicanos: “¡Sí, protesto!”. Entonces, “que la nación os lo premie. Si no, que os lo demande”, concluyó el interventor. Dicho acto se lleva a cabo en cada ocasión que se adquiere una nueva responsabilidad –como cada ascenso, por ejemplo– y en la vida militar, la más honorífica es precisamente la de dirigir la Sedena o la Semar. No existe posibilidad de hacer que un patriota verdadero venda sus más caros principios. Lo cual crea muchas dudas a lo ocurrido con estos altos mandos que lo olvidaron.


La historia de México podrá comprobarlo: la Escuela Superior de Guerra fue creada, ahora es evidente, con el objetivo de apartar al Ejército del Pueblo de la filosofía de la Revolución Mexicana contra el opresor, así como apartarlo de su lealtad a la suprema ley promulgada el 5 de febrero de 1917. El propósito real de los militares Diplomados de Estado Mayor, pronto lo hicieron claro: conformar una elite que se hiciera dueña del Ejército Mexicano, afianzar la seguridad nacional a los intereses del imperio estadunidense, someter la estrategia de la guerra irregular, herencia consecuente de la Revolución Mexicana, que aún ahora resulta imprescindible para la seguridad nacional. El verdadero enemigo sin duda está al Norte; los Diplomados de Estado Mayor siempre han pensado en la creación de grandes unidades aplicadas a la creación de un Ejército Continental bajo el mando de los estadunidenses: “América para los americanos” es la amenaza.


Consecuentemente, los actuales altos mandos –Diplomados de Estado Mayor– centran su proyecto en convencer al personal del servicio activo de la supuesta obligatoriedad de lealtad en el presente sexenio hacia Peña Nieto; la tropa no es ignorante, pero desconoce la perfidia y los alcances de los malos gobernantes y sus lacayos, la disciplina les obliga a confiar en que sus superiores no deben equivocarse. Esto lo aprovechan los comandantes para recordarles los beneficios económicos que les son otorgados por el mando supremo, limosnas al fin comparadas con los fabulosos sueldos de los mandos superiores.      


Invitamos a la tropa del activo a reflexionar: ¿por qué sus comandantes los hacen odiar al pueblo del que ellos mismos son originarios? Respuesta: los malos gobernantes, con ayuda de los comandantes, desde su escritorio siembran el odio entre ambos bandos: la gente del pueblo y los órganos represivos, para que ellos pongan los muertos –ya son miles cada día– y a quienes mandan a la cárcel. Los Diplomados han cumplido, hicieron renacer al otrora Ejército Federal de Porfirio Díaz y de Victoriano Huerta para servir a Peña Nieto y a los gringos.


Otra reflexión: militares en activo: ¡alertas! El mal gobierno pronto privatizará el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, el Instituto Mexicano del Seguro Social y ¡el Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas! Ya amenazaron y los primeros indicios están a la vista: mal trato, escatimo de medicinas, de prótesis y aparatos ortopédicos; descuento del 40 por ciento a las viudas del haber que cobraba el militar fallecido; que no asciendan los retirados que por ley tienen derecho; que sepulten en el olvido la miserable pensión que reciben quienes no cumplieron 20 años de servicio al causar baja por inutilidad contraída en actos del servicio o con motivo de él.


Militar en servicio activo: la tropa es el Ejército verdaderamente, que no te engañen, tú eres el pueblo en armas, el que decide el momento de castigar al tirano, de hacer cumplir las leyes que creó tu misma gente, el pueblo: eres tú quien debe decirle “¡basta!” al que te ha engañado, explotado y humillado. La disciplina no es para hacer cobardes. Te enseñó a ser valiente, a conocer las leyes y reglamentos que promulgó el pueblo para cumplirlas y para hacerlas cumplir a los traidores. Demuestra a los altos mandos, a los mandos superiores cómo se cumplen las protestas de ley.


Las Fuerzas Armadas Mexicanas no son de Peña Nieto. El Ejército y la Fuerza Aérea no son del general Cienfuegos. La Marina-Armada no es del almirante Soberón.


 


Samuel Lara Villa*


General brigadier retirado; presidente de la federación de Militares Retirados General Francisco J Múgica, AC


[BLOQUE: OPINIÓN] [SECCIÓN: ARTÍCULO]


 


 


 


 


 


 Contralínea 454 / del 14 al 20 de Septiembre 2015



 


 


 



Llevaron al Ejército a la traición

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