sábado, 13 de junio de 2015

Las Patronas, mujeres comprometidas con migrantes



Carlos Miguélez Monroy*/Centro de Colaboraciones Solidarias

Un grupo de mujeres campesinas de México optan al Premio Princesa de Asturias por su labor con los migrantes centroamericanos que pasan por México en el tren conocido como La Bestia para llegar hasta Estados Unidos. Se les conoce como las Patronas y, desde 1995, reparten agua y comida preparada en 62 albergues en distintos puntos de México por donde pasa el tren. Ya en 2013 obtuvieron el Premio Nacional de los Derechos Humanos.


 “Este proyecto fue una invitación a todas las mujeres que estábamos ahí a participar en un proyecto. Empezamos a mirar ese tren, a cuestionarnos quiénes eran, por qué iban ahí, cuál era el motivo de dejar su país, sus costumbres y sus raíces”, dice Norma Romero Vázquez, que estuvo en España con organizaciones de migrantes para contar su trabajo e intercambiar impresiones y experiencias.

Romero Vázquez afirma que los migrantes luchan por una mejor calidad de vida para sus familias, que tienen que dejar su país por falta de oportunidades.

 “Algunos tienen carrera terminada pero no manera de conseguir trabajo, lo que los hace subirse a La Bestia para poder llegar a Estados Unidos, pero tienen que transitar por el territorio mexicano, y no es nada fácil. Buscamos hacer una lucecita que ilumine su camino; damos comida y agua, y apoyamos a estos hermanos para que se recuperen y puedan seguir su camino.”

El 80 por ciento de los migrantes son hondureños. El resto son nicaragüenses, guatemaltecos o salvadoreños.

Romero Vázquez considera importante abordar el fenómeno migratorio tanto en los países de origen como en los de destino. Su experiencia en España fue positiva y considera que muchas organizaciones están despertando.

Una de las principales dificultades para este grupo de mujeres han sido los malos ojos con los que mucha gente ve que se ayude a los “ilegales” con el argumento de que forman parte del problema y que contribuyen a incrementarlo. Pero recuerdan que la mayor parte de los gobiernos no crean las condiciones necesarias para que las personas no tengan que irse de su país.

La composición femenina de este grupo confirma los tabúes arraigados en algunas comunidades, como si ayudar, dar de vestir y de comer fuera cosa de mujeres, de mandilones y de calzonazos.

Las Patronas consideran que su labor va más allá de lo asistencial al servir de ejemplo y de esperanza para un cambio. Consideran fundamental la labor de los jóvenes para la transformación social.

 “Es importante invitarlos a que se sumen, que participen, que se comprometan con su país. Hemos hablado con universidades, con organizaciones de la sociedad civil. Nos preocupamos como mujeres, como madres, queremos dejarles un mundo que no esté tan podrido. Que por lo menos puedan rescatar algo”, sostiene Romero Vázquez.

El perfil del migrante ha cambiado, según este grupo de mujeres. Antes eran sólo jóvenes. Hoy día también arriesgan su vida mujeres, niños, personas mayores, empujadas por la violencia, la falta de oportunidades, la falta de estudios.

Para estas mujeres, las sociedades de los países ricos tienen mucho que decir y hacer al respecto. Por eso han intentado implicar a la sociedad civil en distintos países por los que han viajado. Ahí por donde pasan animan a las personas a mirar a quienes tienen a su lado y a no pasar de largo. Las Patronas señalan la importancia que tiene que los jóvenes europeos vean la realidad dentro de sus propias fronteras.

Pero al margen de la labor de sensibilización desde las organizaciones de la sociedad civil, las Patronas recuerdan que en los gobiernos recae gran parte de responsabilidad por lo que ocurre en materia migratoria.
 “Así como los gobiernos se toman el café y se hacen la foto, estaría bien que cada uno asumiera su responsabilidad. Llegar a acuerdos de trabajo entre países, reconocer que existe una necesidad de mano de obra. Sería una manera de evitar muertes, de evitar que las familias se desintegren. Los países donde hay violencia tienen que arreglar su situación. Un gobierno extranjero puede ayudar pero los otros países tienen que poner medios para solucionar la violencia en el país de origen”, concluye Romero Vázquez.

Carlos Miguélez Monroy*/Centro de Colaboraciones Solidarias
*Periodista y editor en el Centro de Colaboraciones Solidarias
[OPINIÓN]



Contralínea 441 / del 15 al 21 de Junio 2015



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