miércoles, 20 de mayo de 2015

Calderón atizó el narco y Peña ha perdido la guerra

20. mayo, 2015         Conjeturas 
 

I. Es cierto que los hombres del dinero, incluyendo a los banqueros que, como en Suiza, viven de la especulación guardando capitales sucios y, claro, el ¡mercado libre! de nuestros más malos que buenos vecinos, abastecen y protegen al multimillonario negocio del narcotráfico. Y es que los gobiernos presidencialistas que acapararon como delito federal esas conductas, dejando fuera la colaboración obligatoria de los desgobernadores, los dejó crecer hasta ser la gravísima amenaza cumplida que reta al Estado, al gobierno y a la sociedad provocando la sangrienta inseguridad que se ha apoderado de municipios, estados, salidas al mar, el aire y la tierra. Esa delincuencia a la que ni antes ni ahora han peinado para arrasar sus plantíos y laboratorios… ¡y mucho menos escarbado en sus inversiones en bienes muebles e inmuebles ni cuentas disfrazas en bancos! Si bien es cierto inició con Miguel de la Madrid (1982), siguió aumentando con la protección de Carlos Salinas de Gortari y posteriormente de Ernesto Zedillo (no de otra manera se explica, entre otras cosas, el homicidio de Colosio).

II. Y ya encarrerados los delincuentes, con Vicente Fox llegaron hasta lo que es hoy: casi un imperio que simula otro Estado. Para terminar en que el inútil alcohólico de Calderón dejó al país en manos de los capos. Y Peña no los ha podido disminuir con todo y dizque tener en la cárcel a 92 jefes de los 124 que son. Pero con cada jefe encarcelado han surgido 20 células y se han vuelto un cáncer. Peña ya perdió la guerra y Calderón fue quien la inició con más de 100 mil homicidios, cientos de miles de desaparecidos, miles de desplazados, otros más huyendo a Estados Unidos y Canadá, etcétera. Miles de fosas clandestinas. Atenco, Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingán, donde el abuso militar y policiaco peñista ya marcaron la desgracias que agobian a la nación, son un ejemplo. Peña ya no pudo resolver el problema de la inseguridad. Utilizó la misma “estrategia” de Calderón y los resultados están a la vista: los narcos disponen a su antojo en la mitad del territorio, se esconden en la capital del país con toda la impunidad de una guerra perdida.

III. Si la expansión del narcotráfico sigue, antes de que termine este sexenio (con o sin Peña, salvo un cambio en la cabeza con un político capaz), estaremos en manos de las delincuencias de todo género: la nueva barbarie que ya está imponiéndose para caer en lo que sería un Estado fallido, Estado ingobernable y Estado criminal. Padecemos cada vez más otro gobierno de hombres, no obstante las numerosas leyes que promulga Peña; ninguna de las cuales, y no obstante su vigencia, ha combatido la corrupción de la que se aprovechan los narcotraficantes para desafiar a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos e imponer un gobierno contrario a ella. La alternativa de los mexicanos que soportan ese desastre, y como ya sucede en varios municipios, es que recobren su libertad para resolver lo que Peña ya no pudo. Pues ha dejado a la nación al borde de una crisis general de mar de fondo, que además del fenómeno natural oceánico significa: “inquietud y descontento en un país, de un pueblo”.
Álvaro Cepeda Neri*
*Periodista

Miércoles, 20 de Mayo 2015

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